Sol, viñas alejadas y montañas al horizonte, niños que pasean en un camino de arena, el canto de los pájaros que rompen con la tranquilidad del ambiente. Estamos en La Bela, en San Juan Bautista (Ica).
Sin embargo, al observar más de cerca, la situación no es tan idílica. El camino destrozado que pasa por el medio de las viñas da a conocer la magnitud de los daños provocados por el terremoto. Rajaduras, techos abajo, paredes caídas, ninguna casa de adobe ha resistido al sismo. Como nos lo explica la señora Sonia Anicama Ramírez que vive en ésta zona de San Juan, “el comedor y los cuartos están totalmente rajados. Algunos muros se han caído. Hay que derrumbar la casa porque en cualquier momento todo puede caerse”.
Este testimonio refleja la situación de la mayoría de los damnificados que han perdido su casa debido al terremoto del 15 de agosto. “Da una pena ver su casa caída. Tanto esfuerzo destruido en 2 minutos. No nos queda nada. Casi todo ha sido aplastado por las paredes. A lo mejor hemos podido salvar algunas cosas de los escombros” nos cuenta Portorio Condori, responsable de la comunidad de Santa Bárbara (distrito San Luis, Cañete)
Promoviendo el respeto de los derechos humanos, Cáritas del Perú está interviniendo en las zonas del desastre mediante la distribución de carpas y la construcción de viviendas temporales con la finalidad de atender a 2,951 familias, es decir 11,755 personas damnificadas.
Una carpa para solucionar la emergencia.
Cáritas ha instalado 600 carpas en la región de Ica (300 en Ica, 180 en Pisco y 120 en Chincha) dando la prioridad a los damnificados más necesitados, es decir aquellos que siguen viviendo a la intemperie o cuyas características familiares y/o condiciones de vida no eran aceptables. Con sus 16 m2, el modelo de la carpa definido permite quedarse parado y ofrece más comodidad.

Graciela Arotinca y sus hijos
La Fundición - San Juan Bautista, Ica
Cáritas del Perú ha entregado carpas en colaboración estrecha con las parroquias y congregaciones religiosas.
En un lugar escondido de La Bela, la madre Reina de la Congregación de las Hermanas del Sagrado Corazón y los Pobres (Parroquia San Juan Bautista, Ica), ha distribuido carpas gracias al apoyo de jóvenes voluntarios de la Parroquia San Juan.
Maria Luisa Yupanquis Sarabia nos cuenta como su familia y sus vecinos, con quien se ha juntado en éste lugarcito, han pasado los días siguientes del terremoto: “Las primeras noches fueron horrible. Además de dormir a la interperie,
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gente mala se aprovecho de la situación para robar lo que pudimos salvar de los escombros. No había luz, era desesperante [….] Mi hermana me hizo venir por acá, en éste sitio de La Bela, y acepté. Hay más seguridad porque vivimos juntos. El problema es que estamos alejados, en la chacra; poca ayuda ha llegado hasta nosotros”. Nos sigue explicando: “Hemos limpiado este terreno, prestado por Don Alejandro, dueño del Fundo en el cual todos están trabajando, y hemos construido nuestras chocitas con caña para protegernos del frío. Ahora, ¡Qué alegría tener ésta carpa! Es grande, cerradita, y el frío no pasará tanto. Además nos podemos proteger del polvo y de los mosquitos; y guardar nuestras cosas”.
Al ver armada su carpa, la Señora Sonia añade: “agradecemos a la hermana Reina que siempre nos ha ayudado mucho. La hermana nos ha dado alimentos y ahora una carpa gracias a Cáritas. Esta carpa representa mucho.
Para uno que no tiene casa, es mucho”.
Además de las 600 carpas que forman parte de su programa de apoyo humanitario, Cáritas del Perú ha canalizado donaciones de carpas, 114 destinadas a Pisco y 57 a Chincha.
Damnificados armando sus módulos de vivienda temporal.
Si, en la región de Ica, la construcción de los módulos está por comenzar, casi la mitad de los 950 módulos de vivienda han sido armados en las provincias de Yauyos y Cañete. El trabajo realizado es el resultado de la colaboración entre OFDA-USAID, Cáritas del Perú, Cáritas Cañete, voluntarios del Cuerpo de Bomberos de Cañete, el Gobierno Regional de Lima y las comunidades beneficiarias, en cada etapa de este proceso.
Primero, se ha realizado una evaluación de la zona con el apoyo de los dirigentes para identificar a las familias que más necesitaban el módulo. Se ha visitado cada una de las viviendas levantando información en fichas de identificación.
Después, cada una de las familias beneficiarias se ha encargado de la remoción de escombros de sus viviendas para que se pueda colocar la vivienda temporal. Se ha contado con el apoyo de un cargador frontal, contratado por Cáritas del Perú y 2 volquetes, prestados por el Gobierno Regional de Lima.
Una vez que se ha limpiado el terreno, la comunidad “recibe la madera y la corta para armar los paneles según el diseño definido. Cuando se ha hecho el armado, se lleva a otro lugar en donde se realiza el forrado. Después se arma el módulo y se instala la puerta para terminar”, nos explica Peter Anci Flores, coordinador operativo en Cañete.
En todo este proceso, la participación de los beneficiarios es fundamental. En efecto, el estilo de trabajo que Cáritas del Perú promueve privilegia la organización, la capacitación de los más necesitados con la finalidad de favorecer su promoción integral, y para que ellos sean protagonistas de su propio desarrollo y no pasivos receptores de programas asistenciales. Peter Anci nos sigue explicando, “Se trata de encontrar la forma para que la comunidad trabaje con nosotros.
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Los módulos son entregados gratuitamente pero los damnificados tienen que participar en su armado para “ganárselo”. Es la contrapartida. Asimismo, "les entregamos un módulo pero para que vivan. Si no lo utilizan, lo recuperaremos y lo entregaremos a una familia que verdaderamente lo necesite”.
“La gente colabora porque sabe que es para su propio beneficio” nos dice Sergio Lucas Peve, responsable de la comunidad Vista Alegre en la cual se instala 32 módulos (distrito de San Luis). “Hemos tenido una reunión y nos hemos organizado en grupo de 10 personas, con rotación cada 3 días.”
En cada comunidad, el armado de los módulos es supervisado por un responsable de la zona, y un voluntario de Cáritas que orienta y controla el trabajo realizado.
Además, se cuenta con el apoyo de voluntarios del Cuerpo de Bomberos de Cañete que capacitan a los beneficiarios en el armado y forrado de los módulos. El Capitán José Navarro Fernández nos dice, “no solo se trata de entregar a la gente su módulo sino de hacerles participar, de enseñarles como se arma y como cuidarlo. En este sentido, el trabajo de Cáritas del Perú está bien porque pretende capacitar a la gente”. Añade, “también queremos, como bomberos, transmitir conocimientos. Estamos viendo la posibilidad de hacer una capacitación en prevención, evacuación y comportamiento adecuado en caso de emergencia. Acá, la gente está bastante preocupada por los riesgos del tsunami y quiere información. Es nuestro deber contestar a sus preguntas e inquietudes”.

Beneficiarios de los módulos de vivienda trabajando en su construcción
El derecho de los más necesitados a vivir dignamente.
Defensor de la dignidad humana, Cáritas del Perú promueve el derecho de todas las personas a vivir en un ambiente saludable. Además de la entrega de carpas o de módulos de vivienda temporales, se está entregando frazadas, colchones, kit de higiene y tachos.
“Damos las gracias a Dios y a Cáritas del Perú por la ayuda proporcionada. Estamos muy agradecidos y muy contentos. El módulo protege bastante del frío y del polvo” nos dice el Sr. Jorge López Campos, beneficiario de un módulo en La Quebrada (distrito de San Luís).
La Sra. Graciela Arotinca, residente de La Fundición (San Juan Bautista, Ica) confirma: “Con esta carpa, mis tres hijitos van a dormir en un lugar seguro, calentito y sobre sus nuevos colchoncitos. Yo puedo aguantar y dormir en cualquier sitio, pero un niño durmiendo en el suelo, en una chocita de plástico que no protege del frío que hace en la noche, eso no es aceptable”.
Por: Marina Sicre
Voluntaria
Cáritas del Perú
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