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Tiempo de Adviento.

Jorge Lafosse Quintana

“Yo he venido para que tengan vida y la tengan en plenitud” (Jn. 10,10)

Hace algunos días hemos iniciado el Tiempo de Adviento, periodo de preparación y espera, en el cual renovamos el deseo de la segunda venida de Jesús.

En el documento final de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y de El Caribe, celebrada en Aparecida – Brasil, en mayo de este año, nuestros Obispos nos recuerdan que como discípulos misioneros de Jesús, tenemos la misión de comunicar a nuestros pueblos la vida nueva en Cristo.

Esta vida nueva, toca al ser humano en su  integridad y desarrolla  plenamente su existencia  humana, en su dimensión per-
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sonal, familiar, social y cultural. (Doc. Aparecida 356). Para ello es necesario fortalecer el proceso de transformación de las estructuras de nuestra sociedad, de forma tal que permitan el desarrollo integral de todos, en un ambiente de equidad y justicia social, fundamentado en el respeto de la dignidad de las personas.

En la Encíclica “Deus Caritas est”, SS Benedicto XVI, nos dice claramente que la creación de un orden social más justo es una tarea política que corresponde principalmente al Estado, pero que la Iglesia “no puede ni debe quedarse al margen de la lucha por la justicia” (DCE 28)

Este llamado implica “crear estructuras que consoliden un orden social, económico y político, en el que no haya inequidad y donde haya posibilidades para todos” (DA 384).

La transformación de estructuras debe ser acompañada con el anuncio de la Buena Nueva  de  Jesucristo que  nos interpela a



vivir el mandamiento supremo del amor con autenticidad y coherencia, fortaleciendo así los valores dentro de la sociedad.

Necesitamos formar hombres nuevos que garanticen la sostenibilidad y eficacia del proceso de cambio, una sociedad nueva requiere de hombres nuevos que asuman su liderazgo y sean protagonistas de su propio desarrollo.

El compromiso de Cáritas con los pobres nos lleva a revisar constantemente nuestro accionar, con la finalidad de responder mejor al llamado de todo aquel que se encuentra en situación de exclusión y marginación y espera de nosotros una respuesta solidaria que transmita esa Vida y Esperanza que Cristo nos trae, “la vida se alcanza y madura a medida que se la entrega para dar vida a los otros” (DA 360)

Que en esta Navidad, Jesús Dios y niño, nazca en sus corazones y colme de Amor y Vida plena vuestros hogares.