Dar la vida por amor, como Jesús lo hizo por nosotros

A propósito del mensaje del Papa Benedicto XVI por cuaresma
«Fijémonos los unos en los otros para estímulo de la caridad y las buenas obras» (Hb. 10, 24).

Mensaje de CuaresmaNuevamente la Iglesia nos permite vivir el tiempo de cuaresma, un tiempo de gracia y conversión, donde volvemos a contemplar la magnitud y la hondura del amor de Dios que se hace Hombre para mostrarnos su amor, dando su vida por cada uno de nosotros.

La Cuaresma es un tiempo favorable para revisar nuestra vida, nuestra capacidad de amar al otro, sobre todo al más necesitado. ¿Cuánto hemos pecado contra el Amor?, ¿Cuánto hemos dejado de amar como Jesucristo?, ¿Cuánto hemos retenido nuestra vida, impidiendo que el amor de Dios fluya hacia los demás?, ¿Cuánto el amor de los cristianos ha sido una Buena nueva, aportando a la transformación de personas y a la estructura de pecado que impide que muchos hermanos nuestros puedan vivir con dignidad?

La Cuaresma, es un tiempo propicio para volver a los brazos de Dios Padre que nos espera lleno de misericordia; sólo el amar como Jesucristo, revelación plena del Padre, nos humaniza por completo, y da pleno sentido a nuestra existencia y hace genuina nuestra fe.

A pesar de que vivimos en medio de una cultura de muerte que niega abiertamente a Dios, encerrando al hombre post moderno en nuevas formas de esclavitud, el anuncio de la Buena Nueva tiene un eco profundo en el corazón del hombre de hoy, que constata que nada llena sus enormes deseos de plenitud y felicidad. El mundo actual sufre especialmente de una falta de fraternidad: El mundo está enfermo. “Su mal está menos en la dilapidación de los recursos y en el acaparamiento por parte de algunos que en la falta de fraternidad entre los hombres y entre los pueblos» (PP, n.66).

De allí que el Santo Padre Benedicto XVI, en el mensaje de Cuaresma de este año, nos invite a vivir este tiempo fuerte del calendario litúrgico en clave de amor, de caridad. Nos pide abrir nuestros ojos y nuestro corazón para fijarnos los unos a los otros, como miembros de una sola familia humana, como comunidad de hermanos, unidos en un mismo Padre, en una misma fe, en una sola Iglesia y alrededor de María, madre de la vida.

La caridad, corazón de la vida cristiana.

Su Santidad Benedicto XVI, nos recuerda que la Cuaresma “nos ofrece una vez más la oportunidad de reflexionar sobre el corazón de la vida cristiana: la caridad.” Nuestra existencia y nuestra fe, se fundamentan en el amor gratuito de Dios que nos ha permitido experimentar el encuentro personal con Jesucristo vivo y resucitado. Esta relación nos configura en una nueva criatura, capaz de amar con un amor semejante al que amor recibido. En efecto, este es un tiempo propicio para que, con la ayuda de la Palabra de Dios y de los Sacramentos, renovemos nuestro camino de fe, tanto personal como comunitaria. Se trata de un itinerario marcado por la oración y el compartir, por el silencio y el ayuno, en espera de vivir la alegría pascual.

El Papa Benedicto XVI, nos pide, es esta Cuaresma, detenernos y reflexionar en un breve texto bíblico tomado de la Carta a los Hebreos: «Fijémonos los unos en los otros para estímulo de la caridad y las buenas obras» (10,24).

Nos señala que “el fruto de acoger a Cristo es una vida que se despliega según las tres virtudes teologales: se trata de acercarse al Señor «con corazón sincero y llenos de fe» (v. 22), de mantenernos firmes «en la esperanza que profesamos» (v. 23), con una atención constante para realizar junto con los hermanos «la caridad y las buenas obras» (v. 24)”. Nos recuerda que para sostener esta conducta evangélica es “importante participar en los encuentros litúrgicos y de oración de la comunidad, mirando a la meta escatológica: la comunión plena en Dios” (v. 25).

“Fijémonos”: la responsabilidad para con el hermano.

Se nos invita a «fijarnos» en la realidad del hombre de hoy, en donde contemplamos el rostro de Jesucristo, evitando la indiferencia o el desinterés, que nacen del egoísmo, encubierto bajo la apariencia del respeto por la «esfera privada». Este fijarse significa observar bien, estar atentos, mirar conscientemente, darse cuenta de una realidad para iluminarla, sanearla y transformarla con la vitalidad siempre nueva de la Palabra de vida Eterna.

Benedicto XVI, nos señala en su mensaje por Cuaresma que “también hoy resuena con fuerza la voz del Señor que nos llama a cada uno de nosotros a hacernos cargo del otro. Hoy Dios nos sigue pidiendo que seamos «guardianes» de nuestros hermanos (cf. Gn 4,9), que entablemos relaciones caracterizadas por el cuidado reciproco, por la atención al bien del otro y a todo su bien.” La responsabilidad para con el prójimo significa, por tanto, querer y hacer el bien del otro, deseando que también él se abra a la lógica del bien; interesarse por el hermano significa abrir los ojos a sus necesidades.

Se nos pide tomar conciencia de la responsabilidad que Dios nos confía, tanto personal y como eclesial, de fortalecer una cultura de vida, cuyas características sean la fraternidad, la solidaridad, la justicia, así como la misericordia y la compasión que nacen del mismo corazón de Jesucristo.

Así mismo, el mensaje nos pone en guardia ante el peligro de tener el corazón endurecido por una especie de «anestesia espiritual» que nos deja ciegos ante los sufrimientos de los demás. Reflexionando sobre la parábola del buen Samaritano, señala que el sacerdote y el levita «dieron un rodeo», con indiferencia, delante del hombre al cual los salteadores habían despojado y dado una paliza (cf. Lc 10,30-32). Así mismo, el rico epulón, ese hombre saturado de bienes no se percata de la condición del pobre Lázaro, que muere de hambre delante de su puerta (cf. Lc 16,19)”.

En ambos casos se tienen los ojos y el corazón cerrado a las necesidades del otro. ¿Qué es lo que impide esta mirada humana y amorosa hacia el hermano?. El mismo Benedicto XVI, responde: el egoísmo, el anteponer los propios intereses y las propias preocupaciones a todo lo demás, hasta el punto de hacernos sordos al grito del pobre. El «fijarse» en el hermano, exige salir de sí mismos – abriendo nuestro corazón - para conmoverse con el dolor y las necesidades de los demás.

La tradición de la Iglesia enumera entre las obras de misericordia espiritual la de «corregir al que se equivoca», la corrección fraterna. Es importante recuperar esta dimensión de la caridad cristiana. “Frente al mal no hay que callar”, señala con vigor el Santo Padre. No es posible ser permisivos y callar contra muchas amenazas a la vida humana, desde el aborto hasta la pobreza y las condiciones indignas de vida.

“Los unos en los otros”: el don de la reciprocidad.

Los discípulos del Señor, unidos a Cristo mediante la Eucaristía, viven en una comunión que los vincula los unos a los otros como miembros de un solo cuerpo. Benedicto XVI, afirma que “el otro me pertenece, su vida, su salvación, tienen que ver con mi vida y mi salvación”. Citando a San Pablo, señala «Que todos los miembros se preocupen los unos de los otros» (1 Co 12,25).

El cristiano verifica su participación del único cuerpo que es la Iglesia. Mediante su preocupación concreta por los más pobres. La atención a los demás en la reciprocidad es también reconocer el bien que el Señor realiza en ellos y agradecer con ellos los prodigios de gracia que el Dios bueno y todopoderoso sigue realizando en sus hijos.

“Para estímulo de la caridad y las buenas obras”: caminar juntos en la santidad.

Mensaje de CuaresmaEl mensaje de Cuaresma nos invita a considerar la llamada universal a la santidad, y a una caridad cada vez más alta y fecunda. SS Benedicto XVI señala que “El tiempo que se nos ha dado en nuestra vida es precioso para descubrir y realizar buenas obras en el amor de Dios. Así la Iglesia misma crece y se desarrolla para llegar a la madurez de la plenitud de Cristo”.

Se nos recuerda que siempre “está presente la tentación de la tibieza, de sofocar el Espíritu, de negarse a «comerciar con los talentos» que se nos ha dado para nuestro bien y el de los demás. Todos hemos recibido riquezas espirituales o materiales útiles para el cumplimiento del plan divino, para el bien de la Iglesia y la salvación personal”.

Que esta Cuaresma nos ayude a vivir más intensa y plenamente el mandamiento del amor. Nos queda el reto de hacer de nuestras cáritas parroquiales, diocesanas y la Oficina Nacional, verdaderos santuarios de la vida y de la caridad. Pidamos a Santa María, madre del amor, que nos ayude a reconocer y servir a Jesucristo, presente sobre todo en los más necesitados.

Escrito por: Roberto Tarazona
Diácono Permanente
Oficina de Asesoría Pastoral