Pastor de amor

Mons. Hugo GaraycoaCon más de 50 años de ministerio sacerdotal, Mons. Hugo Garaycoa Hakwins, Obispo Emérito de Tacna y Moquegua nos abre su corazón y nos cuenta cómo ha sido su vida dedicada al servicio de Dios y de la humanidad..

¿Cómo nace en usted la vocación de ser sacerdote?.

Nunca había pensado ser sacerdote, ni siquiera tenía curiosidad por serlo. Pero cuando estudiaba en la universidad Contabilidad y Economía, tuve la oportunidad de viajar a Huaral con mi amigo Pedro, pues éste conocía al nuevo sacerdote que iba a llegar a la parroquia y le quería dar la bienvenida, así que lo acompañé.

Al llegar a la casa parroquial, era una desgracia, casi en ruinas, las paredes descorchadas, el piso sucio, los muebles malogrados, la única cama que había era de fierro con una pata doblada, el baño era un pampón y le pregunté a mi compañero: ¿aquí va a vivir el padre? Y me respondió que sí.

Yo siempre me había comportado egoístamente, ganaba bien en la compañía en donde trabajaba, yo era contador de costos y supervisor de asistente de gerencia, tenía una buena posición, tenía una novia de 4 años, todo el dinero que ganaba lo gastaba en mis compras personales, vestirme, zapatos y discotecas.

Por eso me impactó mucho donde iría a vivir el sacerdote. Entonces compramos pinturas y pintamos junto a mi amigo Pedro. El domingo llegó el párroco y al ver la casa parroquial dijo: ¡Que linda mi casita!. Esto me tocó muchísimo el corazón, pues yo había sido el gestor, había gastado, había sido el de la iniciativa.

El sacerdote al saber lo que yo había hecho, me propuso dar charlas los sábados a los jóvenes sobre cómo prepararse para la universidad. Acepté y comencé a ir, llegué a tener hasta 40 jóvenes.

Un día que estaba hablando con los jóvenes y uno de ellos llegó tarde y al preguntar por mí al párroco, éste le dijo: “El Padre Hugo está en el salón de adentro”. Esto me molestó terriblemente y le dije a los chicos que me despedía. Luego al Padre le reclamé. Después de esta conversación nunca más regresé.

Pero quedó en mí una inquietud y me nació una pregunta: ¿Por qué no?. Es así como nace mi vocación.

Luego hubo otros caminos que me fueron conduciendo hacia el Señor, conversé con varios sacerdotes. Conocí al Padre Eduardo Picher Peña, que llegó a ser el Primer Obispo del Callao, con él estuve casi un año haciendo el discernimiento. Al mismo tiempo presenté mi examen de grado en la universidad y me puse a orar muy fuerte y le dije al Señor: “Doy mi examen y me voy al seminario”.

Mons. Hugo Garaycoa Hablé con mi novia, al principio no me creyó, lloró, me dijo que se metería de monja, pero con al tiempo se casó y fue muy feliz en su matrimonio.

En marzo presenté mi renuncia a la compañía en donde trabajaba y el gerente me mostró una carta en donde me nombraban supervisor latinoamericano de contabilidad de costo y el sueldo era alto. Pero igual ya había tomado mi decisión.

¿Cómo recibió la noticia de ser sacerdote su familia?

Hablé con mi mamá un 5 de marzo, que era justo su cumpleaños, ella me dio su bendición.

Al terminar de almorzar, fui a hablar con mi papá y se molestó mucho, no me dirigió la palabra más de un año.

Yo me acercaba a besarlo y él me sacaba la cara, no me contestaba nada de lo que yo le decía y mi mamá lloraba en medio de los dos. Cuando estaba en el Seminario, mi papá no me visitaba, pero seis meses después, mi papá me llevó al seminario y comenzó a interesarse cómo era lo que hacía, y así fue la reconciliación, sin disculpas ni nada, como debe ser entre dos personas que se quieren.

¿Cómo fue su experiencia como docente?

Cuando regresé de Roma, de estudiar Derecho Canónico, Derecho Romano y Espiritualidad ingresé a enseñar en la Pontificia Universidad Católica del Perú dos materias que fueron Derecho Romano y Teología. En la Facultad de Teología estuve enseñando 27 años.

Entre mis alumnos han estado ex presidentes como Alan García, ex ministros, obispos, entre otros.

¿De alguna manera usted siente que les inculcó valores en sus clases?

Yo creo que sí, pues una vez les dije a los muchachos, si algún día dejan de ver ustedes en mí un formador yo me retiro de la cátedra, yo no quiero ser un profesor nada más.

Usted estuvo 15 años al servicio de la Diócesis de Tacna y Moquegua, en donde lo recuerdan con mucho cariño por su trabajo, ¿cuéntenos qué acciones desarrolló?

En ese entonces, la Diócesis era sólo de Tacna, así que me propuse unir las dos diócesis, es decir Tacna y Moquegua, así como conocer el territorio.

Me puse a viajar, caminé, monté mula y realicé visitas pastorales a pueblos que nunca habían visto a un obispo, recorrí 1, 300 kilómetros.

En el año 2001, se produjo un terremoto y me fui a vivir a Moquegua. Logramos reconstruir muy rápido porque nos organizamos con las autoridades. La campaña planteó que no se entregaba víveres a menos que no se recogiera desmonte y no se trabajara. Los alimentos se entregaban a domicilio, yo mismo los entregaba. Además se construyeron unas 20 mil casas de madera.

Cuéntenos ¿cómo fue su vinculación con Juan Pablo II?

Mons. Hugo Garaycoa Tuve un accidente en las alturas de Toquepala (Tacna) y justo coincidió con una operación que le iban a realizar al Papa Juan Pablo II. Yo salí a la radio local a hablar, pues la gente pensaba que me había matado en el accidente, entonces manifesté que quería mandar un mensaje al Santo Padre y que se supiera que mis oraciones y mi sufrimiento los ofrecía por él.

La noticia llegó a Roma y cuando viajé al Vaticano, fui con un collarín y el Papa se impresionó al verme y me dijo “¿y usted rezó por mí?”. Conversamos sobre mi accidente y otros temas. Durante los 20 minutos que hablamos no me soltó la mano. Finalmente me invitó a conocer los jardines internos. En otra oportunidad, conversando con él, le mencioné que había algo que no me gustaba y eran los aplausos, y él me contestó: “a mí también, pero no se olvide que no lo aplauden a usted, aplauden a Jesucristo que usted representa”.

¿Cuánto tiempo viene aportando con su trabajo a Cáritas?

Ya voy a cumplir 25 años, toda una vida unido a Cáritas.

¿Cuál cree usted que es la mística de Cáritas?


La mística que yo plantee en la Asamblea que se realizó en Piura fue que si alguien tiene hambre no le des el pez, enséñale a pescar y que a su vez, él enseñe a pescar a otros. Y que cuando la producción crezca se forme una cadena productiva que surja no de una caridad, sino de que el hombre sea responsable de su propio desarrollo. Y esa es la mística que tiene Cáritas.

Usted está próximo a cumplir 51 años de ordenación sacerdotal, ¿cómo se siente con esto?


Siento agradecimiento al Señor porque me ha mantenido todo este tiempo, porque me ha regalado a lo largo de toda mi ordenación sacerdotal cosas buenas, como por ejemplo que siendo sacerdote he asistido a dos sesiones del Concilio, que pocos pueden decir eso.

He estado presente en Medellín, Puebla, Santo Domingo, preparé la Quinta Conferencia, he sido Presidente de la Comisión de Pastoral Social del CELAM, dos veces Presidente de Cáritas del Perú y Presidente de la Conferencia Episcopal Peruana, el Señor me ha colocado en muchos sitios.

¿Siente que ha logrado todo en la vida o siente que le ha faltado algo por hacer?

Siempre le falta a uno algo, pero me siento realizado, en estos momentos trabajo en Lurín con seminaristas y sacerdotes, siento que tengo acogida con ellos y estoy contento con ellos. En mi casa vivimos como en una pequeña familia, con dos sacerdotes y un secretario, compartimos mucho.

Usted en algunas entrevistas ha manifestado que deja parte de su corazón en lo que hace, ¿lo ha dejado aquí en Cáritas?

Sí, yo siempre he dicho esto, el corazón es un órgano que se regenera y uno va dejando el corazón porque va dejando todo lo que más quiere en el trabajo que hace.

Entrevista realizada por: Karla Auza
Cáritas del Perú