El Año de la Fe y la Caridad vivida desde la Red de Cáritas en el Perú

Año de la fe El Año de la Fe: un tiempo para crecer en la caridad.

El Santo Padre Benedicto XVI ha convocado a toda la Iglesia Católica a vivir el año de la Fe “llevando en nuestros corazones la esperanza de redescubrir cuánta alegría hay en creer y encontrar el entusiasmo de comunicar a todos las verdades de la fe” (21/XI/2012).

Nuestra fe se sustenta en el encuentro personal con Jesucristo vivo y resucitado, que sale al encuentro de cada uno de nosotros por Amor. Su amor es fiel e incondicional, El está esperando en la puerta de nuestra existencia, en lo más profundo de nosotros, espera nuestra libertad y nuestro amor para que abramos nuestros corazones sin miedo y entremos a vivir con El. Nos invita por lo tanto a un encuentro salvífico y liberador, que realiza las aspiraciones más profundas del hombre, sus anhelos de paz, de fraternidad y de amor.

Por ello la fe en Jesucristo, vivida en su Iglesia nos humaniza plenamente y nos afirma en nuestra dignidad de hijos de Dios. El ser humano, nueva criatura por el Bautismo, viviendo la caridad de Jesucristo, está llamado a vivir y trabajar por el verdadero desarrollo humano integral. Por la fe descubrimos en el otro, la imagen y la presencia viva de Jesucristo. Esta verdad que descubrimos por la fe, nos ayudaría a vivir desde una ética del Don y la gratuidad. ¿Cómo podría entenderse la salud, la educación, la economía, la política y el mercado desde esta perspectiva profundamente religiosa porque es profundamente humana? Ya el papa san León Magno nos enseñaba que “Ningún acto de bondad carece de sentido ante Dios, ningún acto de misericordia permanece sin fruto (Sermo de jejunio dec. mens., 90, 3). El Año de la fe es un tiempo de gracia para crecer en el amor, en la Caridad de Jesucristo.

Año de la fe Un amor que construye la ciudad del hombre como anticipo de la Ciudad de Dios.

Una exigencia ineludible e impostergable para los que conformamos la familia de Cáritas en el Perú es que nuestras vidas y nuestras acciones- tanto personal como institucional - hablen de la misericordia y la providencia de Dios. Nuestro trabajo en favor de la vida, la dignidad y el desarrollo humano integral debe sostener la fe de nuestro pueblo en un Dios que ama a todas las personas, sobre todo a los más necesitados. Este testimonio altamente profesional y profundamente evangélico debe convocar y comprometer tanto al Estado como a la sociedad en su conjunto para cuidar la vida de los mas necesitados.

Existimos para acoger y vivir el amor de Dios, para alabarlo y anunciar este amor que todo lo da y nada nos pide. Su Santidad Benedicto XVI nos señala que “La fe lleva a descubrir que el encuentro con Dios valoriza, perfecciona y eleva lo que es verdadero, bueno y bello en el hombre. De este modo, se da la circunstancia de que, mientras Dios se revela y se deja conocer, el hombre llega a saber quién es Dios y, conociéndolo, se descubre a sí mismo, su origen y su destino, así como la grandeza y la dignidad de la vida humana.” (21/XI/2012).

Al descubrir, en la comunidad de creyentes, el enorme don de la fe, nos damos cuenta también con humildad y agradecimiento que somos parte de una gran cadena de hombres y mujeres que nos transmitieron la verdad de la fe. Un don que se recibe gratuitamente sin mérito alguno y que está llamado a trasmitirse, por reboce de alegría y de dicha. El Santo padre nos recordaba que el mandamiento del amor más que una ley externa expresa plenamente lo que es la verdadera naturaleza del hombre y lo que es Dios: comunidad de Amor. La fe se expresa en el don de sí mismo a los demás, en la fraternidad que nos hace solidarios, capaces de amar, derrotando la soledad y el egoísmo.

Una fe adulta que se alimenta de la Palabra de Dios, de los sacramentos y la oración y que se vive desde la espiritualidad del Don inserta en la realidad de los hombres de hoy, está llamada a fortalecer y consolidar una sola familia humana. La fe, con la ayuda del Espíritu Santo ilumina la razón, le abre nuevos horizontes, inconmensurables e infinitos, nos permite contemplar la historia humana con esperanza. Vivimos un cambio de época, donde el hombre posmoderno muchas veces quiere construir una sociedad sin Dios y se asfixia en este intento. Muchas veces y de diversos modos, aún sin entenderlo y expresarlo directamente nos pide que le hablemos de Dios y que podamos dar la razón de nuestra esperanza y de nuestra fe. ¿Qué podremos transmitirle que esté a la altura de esta búsqueda?. Sólo nuestra fe en Jesucristo, Señor de la Historia, quién nos llamo por nuestro nombre y de inmediato dejamos todo para seguirle.

La construcción de la ciudad del hombre como anticipo de la Ciudad de Dios será posible desde una profunda pasión por lo humano que se nutra del amor de Jesús Eucaristía que se parte y comparte para que todos los hombres se salven y tengan vida eterna. Nuestros esfuerzos en el campo de la promoción humana debe asumir con mayor valentía las palabras de SS Benedicto XVI, quién nos pide que nuestro trabajo socio pastoral debe ayudar a que todo hombre y la sociedad en su conjunto se abra “a la fe y pueda conocer a Dios y su proyecto de salvación en Jesucristo. En el Evangelio, se inaugura un nuevo humanismo, una verdadera "gramática" del hombre y de toda la realidad”.

Pidamos a Santa María, madre de la Fe, que los hombres de hoy vuelvan a encontrar en Cristo el sentido de la vida y el fundamento de la verdadera libertad y que nuestro testimonio ayude a ello.

Escrito por: Dr. Roberto Tarazona
Diácono Permanente
Oficina de Asesoría Pastoral