Cáritas: Escuela de amor

« Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él »
(1 Jn 4, 16)


Rosario Cotrina recibiendo un recuerdo de CáritasHace un poco más de 49 años atrás, en una cálida mañana de marzo, una joven de 16 años, después de haber caminado algunas cuadras se presentó a la puerta de una pequeña oficina en la cuadra 3 de la avenida Arenales en busca de trabajo. Solo unos días antes una buena amiga le había dicho que Cáritas del Perú estaba buscando una secretaria. Rosario acababa de terminar la secundaria comercial bilingüe y tenía los conocimientos y la jovialidad a flor de piel, pero siendo tan responsable como era puso mucho empeño en prepararse para su entrevista y el examen de taquigrafía: ese arte ahora desusado de escribir tan deprisa como se habla. En aquellos tiempos la función secretarial exigía escribir a la velocidad del sonido.

Me la imagino cruzando lentamente el umbral de ese pequeño edificio, deteniéndose después de cada paso para perfeccionar lo mil veces repasado, inquieta por el recibimiento que las personas que la esperaban pudieran dispensarle. Lo que ella en ese momento no sabía es que el Señor ya la había elegido. Cuando se entrevistó con el entonces sacerdote Eduardo Picher Peña, Secretario General de Cáritas del Perú, la conversación transcurrió por cauces imprevistos: no hubo pruebas, ni siquiera preguntas sofisticadas. Charito le contó su vida y experimentó la profunda sensación de encontrarse frente a un acontecimiento que podría marcarla para siempre. Su primera responsabilidad en Cáritas fue como secretaria de la Asistenta Social Margarita Morales de Marín, ahí empezó a interesarse en el amor y en el servicio de las personas más necesitadas. Miraba, observaba y admiraba a quienes añadían calidez humana a las cosas materiales que distribuían. Así empezó su aprendizaje en Cáritas, en la escuela del amor, y su primera lección fue que «No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva» (1, Deus Caritas Est).

Rosario y compañeros de trabajoTres años después pasó al área de contabilidad y en su quehacer diario, la planilla, los cheques, las idas y venidas al banco y todas las actividades contables adquirían un significado diferente a la luz del amor fraterno que ella sabía repartir a todos, a quienes consideraba sus hermanos. Siguió esparciendo su trayectoria de amor y servicio en diferentes puestos: Secretaría General, Área de Alimentos, hasta llegar finalmente al Área de Recepción. Contrario a lo que señalan las teorías organizacionales, en la escuela del amor estar en los niveles de arriba del organigrama no siempre significa estar más cerca de Dios; para ella cualquier cargo, aún el más inadvertido, siempre fue el lugar privilegiado desde donde podía cumplir con “la misión que Dios le había encomendado”. Muy temprano en su vida había caído en la cuenta de que “la vida no tiene valor si uno no la pone al servicio de los demás y que se puede ser honestamente feliz trabajando para Dios, para servirlo como Él se merece”. Su segunda lección expresa la experiencia de un amor que supera el carácter egoísta que predomina en nuestros tiempos: «el amor es ocuparse del otro y preocuparse por el otro» (6, Deus Caritas Est), con renuncia y sacrificio. Por eso nos dice “cada día tengo más claro que hemos nacido para amar y servir a nuestro prójimo, que esa es la verdadera felicidad, no existe otra, estamos de paso en una escuela de amor, estoy segura que cuando Dios nos llame, definitivamente nos hará una sola pregunta ¿Has amado?, eso implica renunciar a muchas cosas para servirlo a Él, pero con alegría.”

Reunión de recococimiento y despedida de Rosario

La tercera lección es el legado de su paso por Cáritas. Su trato a los “hermanitos y hermanitas” que acuden a las oficinas de Cáritas en busca de esperanza, es todo un testimonio de servicio y amor hacia los más necesitados. El 8 de marzo de 2013 cumplirá 50 años trabajando para Dios. Ya no en Cáritas pero sí, como ella misma dice, “desde donde Dios quiera que esté”. Son muchos años, muchas vivencias y un aprendizaje constante; También me ha dicho “he aprendido muchísimo de todas las personas que han pasado por Cáritas y de las que están, porque son personas muy valiosas, muy entregadas a Dios, tienen un espíritu solidario y de sacrificio; y eso es lo que yo también le he pedido y me he encomendado a Él todos los días para poderlo servir como Dios se merece. Cuando iba todos los días de Cáritas a mi casa iba muy contenta porque le decía tú sabes que como humana soy limitada, pero te he dado lo mejor de mí; gracias por haberme ayudado, gracias porque he sentido tu presencia cuando ya no tenía fuerza, y me has dado la entereza espiritual para afrontar una etapa de mi vida en que vi mi salud muy quebrantada.”

La lección que nos deja su partida de Cáritas es que quizás nos hemos olvidado de la verdadera naturaleza de nuestro servicio, de su profundidad y amplitud: Cáritas es amor y el amor empieza en casa con nuestros hermanos más próximos y con los más humildes. Que este amor «no se reduce a una actitud genérica y abstracta, poco exigente en sí misma, sino que requiere mi compromiso práctico aquí y ahora» (15, Deus Caritas Est).

Puedo decir que, yo mismo, a pesar de haberla visto trabajar por tanto tiempo, recién ahora he podido conocerla y su sabiduría me ha impactado. Recuerdo que la primera vez que Charito me saludó, me sentí abrumado por sus muestras de afecto y solicitud. Hoy mirando en retrospectiva puedo decir que el problema es que estamos desacostumbrados a dar y recibir amor. La pedagogía del amor de Cristo solo puede enseñarse dando amor en abundancia como bien nos ha enseñado ella.

Escrito por: Luis Campó
Planificación y Monitoreo
Cáritas del Perú