Dos pequeños ejercicios que generan grandes cambios

David Fischman La gratitud y la sensación de bondad no sólo son emociones que nos dan felicidad, sino que además tienen el poder de cambiarnos como personas

Desde hace algunos meses, a la hora de la cena en familia, realizamos el ejercicio de comentar tanto los actos de bondad del día como las cosas por las cuales nos sentimos agradecidos. El ejercicio dura pocos minutos y convierte la conversación familiar en positiva y trascendente. Anteriormente había pocos temas de conversación y los chicos, al terminar, corrían para ir a ver televisión. Ahora esperan el momento de conversar de estos temas y de compartir sus experiencias. Después de unos meses de hacer estos ejercicios, mis hijos son más agradecidos, bondadosos y empáticos. Ahora se preocupan más por los demás.

Estos ejercicios logran apartarnos del ego, nos orientan hacia las personas y nos hacen tomar contacto con nuestra dimensión espiritual. Las personas, en general, están orientadas hacia sus logros y metas personales. No interesa si hablamos de un niño de 11 años o de un adulto, pues, por lo general, tendemos a satisfacer nuestras necesidades egoístas.

¿Qué efecto nos da el agradecer y mostrar gratitud? Al hacerlo, tomamos conciencia de los regalos que recibimos a diario y nos llena de emociones positivas. Pero adicionalmente, agradecer nos da humildad, nos hace sentir que no nos merecemos todo, dejamos de dar por hecho las cosas y nos sentimos afortunados. Al agradecer, disfrutamos las cosas que ya poseemos y detenemos el ciclo materialista de querer siempre más.

¿Cómo nos afecta realizar actos de bondad? Hacer pequeños actos de bondad y contarlos en familia o en un grupo pequeño de personas hacen que usted sienta que contribuye con los demás. Estos actos le dan una sensación positiva y lo hacen una persona más empática y preocupada por los otros. Si no ha hecho pequeños actos de bondad, lo hace consciente de esta falta y esto ayuda a que usted esté más preocupado por hacerlos al día siguiente.

Estos dos ejercicios funcionan igualmente en el ámbito empresarial. Inicie sus reuniones de equipo destinando 10 minutos a que cada persona comente las respuestas a estos dos ejercicios. No sólo estará ayudando a su personal a ser más feliz, más agradecido, más empático y bondadoso, sino que además estará generando un clima laboral positivo que ayuda a la solución de problemas.

Cuentan que un empleado del hospital que buscaba donaciones se acercó a pedirle dinero a un hombre acaudalado, diciéndole: "Nuestros registros nos indican que usted es el más rico del pueblo, pero nunca ha donado dinero a nuestro hospital que ayuda a los pobres". El hombre respondió: "¿Acaso sus registros muestran que mi madre es viuda y no tiene a nadie que la mantenga? ¿Acaso sus registros muestran que mi hermano es parapléjico o que a mi hermana la abandonó su marido con 5 hijos que mantener?” La persona del hospital, muy avergonzada, respondió: "Disculpe, no sabíamos nada de eso". A lo que el hombre rico respondió: "Bueno, si no les doy nada a ellos, ¿por qué tendría que darle a usted?".

Definitivamente, el señor rico de la historia no ha experimentado nunca los beneficios que uno siente cuando ayuda al prójimo. Para alguien acaudalado, donar dinero será la opción más fácil y quizás efectiva para aminorar los males que aquejan a la humanidad. Sin embargo, hay pequeños actos de bondad que ayudan y alegran el día a muchas personas, como por ejemplo ceder el paso a otro vehículo al manejar, saludar con cariño e interés a las personas, dar reconocimiento a subordinados, preocuparse por el bienestar de un tercero, entre muchos otros. Empiece a agradecer y hacer actos de bondad y le aseguro que entrará en un círculo virtuoso que lo cambiará para bien.


Escrito por:David Fischman
Autor, consultor, conferencista internacional
y miembro fundador de la UPC.