Clausura del Año de la Fe 2013

Tema: "La fe como respuesta al mundo de hoy"

Ponencia de Mons. RIchard Alarcón Urrutia, Obispo de Tarma y Presidente de Cáritas del Perú en el marco de la Clausura del Año de la Fe 2013 realizado en el auditorio de Cáritas del Perú, el pasado 4 de octubre de 2013.


Mons AlarconHemos recibido la fe como un don de Dios, un tesoro que Dios ha puesto en "vasijas de barro". Después de todo lo recibido en estos días de reflexión durante la clausura del Año de la Fe, podemos concluir que la fe es el fruto de un encuentro personal con Jesucristo, encuentro que nos ha cambiado la vida y nos abre un horizonte nuevo y con ello una orientación decisiva. (Benedicto XVI).

Por lo tanto la fe nos convierte en testigos de este encuentro maravilloso. La fe está unida a la vida, no la podemos separar. Fe y vida se convierte en un testimonio y nos hace luz. "Ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mi", ésta es la fe testimoniada en la vida.

Una mirada de fe al mundo que nos rodea
Desde la Fe podemos y debemos ver al mundo que nos rodea, con la mirada de Dios, con la mirada de Jesús. Hay dos mundos que nos rodean, el global y el cercano. Miremos lo positivo y lo negativo, pero tengamos los ojos de Dios que ve más lo positivo.

Para ver el mundo "global", no pedimos hacer un diagnóstico técnico o sociológico, eso ya lo sabemos por nuestra experiencia en los proyectos de Cáritas, volvamos la mirada con los ojos de nuestros pastores en Aparecida donde nos describieron lo complejo de este mundo que nos rodea: en el campo sociopolítico, económico, cultural, ambiental y religioso. Podemos constatar que estamos en un cambio de época. Hay luces y sombras, no hay que tener miedo, hay que tener fe.

Nuestro "mundo" cercano está compuesto por la vida ordinaria que llevamos, es el mundo de nuestra familia, de nuestro barrio, del centro de trabajo, de la parroquia, de nuestra comunidad social. En medio de este mundo cercano nuestra fe se hace más dinámica y accesible.

Frente al mundo que vemos ¿cómo respondemos desde nuestra fe?. Con cuatro actitudes o dimensiones de nuestra fe:

1.- Una fe situada en el mundo
Miremos la experiencia de Jesús en Nazareth. Jesús amó a su tierra. Dios ama al mundo, por eso le envió a su hijo y lo entregó por amor al mundo.
El Vaticano II nos recuerda en Gaudium et Spes que el camino de la iglesia está situada en el mundo, en un lugar, en un tiempo, es una iglesia con los pies en la tierra. El mundo es el punto de partida para el ser y la misión de la iglesia. Nuestra fe debe ser una fe situada, una fe que ame el mundo que le rodea.
Una fe que nos ayude a aceptar el mundo como lugar teológico donde Dios quiere poner su morada para salvarlo. No hay que rehuir del mundo, hay que amarlo.
Desde la fe vivir la experiencia de la "encarnación" con el mundo que nos rodea e "inculturar" nuestra fe enriquecida con los valores culturales del mundo.
Por lo tanto nuestra fe nos debe llevar a amar al mundo, no a condenarlo. Esto nos lleva a conocer el mundo sin prejuicios, analizar, caminar junto con el
mundo.
Desde nuestra fe ser luz en medio del mundo, el reino de Dios que va germinando en el mundo. Pongámosle piso a nuestra fe.

2.- Una fe para el mundo: una fe misionera
Dios nos ha dado la fe para compartirla, tiene una misión nuestra fe. Es una fe "para", Dios le ha dado una dirección, una proyección. No nos ha dado la fe para
nosotros mismos, nos la ha dado para los demás.
Jesús nos recuerda esta direccionalidad de la fe con las figuras de la "sal", de la "luz" y del "fermento". Nuestra fe debe hacer más sabroso el mundo, más
iluminado el mundo, para promocionar al mundo.
No una fe retraída, fosilizada, de museo, sino creativa, explosiva, de sorpresa cada día. Nos dejarnos envolver en la mediocridad, en la rutina, en la funcionalidad.
Una fe misionera que siempre está saliendo al encuentro de los demás, una fe que está en constante búsqueda de los demás. Una luz que encienda otras luces en los demás. Una fe misionera que no se quede en el conformismo, en el pesimismo, ni menos sólo en reformas insignificantes, cambios de fachada, sino que nos haga "revolucionarios" con la revolución del amor, el cambio profundo que nos da Jesús resucitado: "yo hago nuevas todas las cosas".
La fe misionera está destinada a rehacer, a reconstruir, para la familia, la sociedad, la iglesia.

3.- Una fe en diálogo con el mundo
Jesús es el hombre del diálogo: con su Padre Dios, con los hombres (veamos con quién dialoga Jesús: los pecadores, las autoridades, los poderes, los extranjeros, los suyos, etc).
Una fe capaz de escuchar, de responder, de cuestionar, de proponer, de compartir, capaz de respetar y no agredir.
Una fe humilde que no se coloca por encima de los demás ni pierde su autoestima sintiéndose menos que los demás.
Una fe que nos da identidad y proyecto propio para compartirlo y no imponerlo a los demás. Una fe dialogante que no nos lleve a condenar al mundo y menos a la intolerancia o a la indiferencia. Una fe que está en constante aprendizaje y está abierta a captar lo bueno de los que piensan diferente.

4.- Una fe al servicio del mundo
Desde la fe nos hacemos servidores del mundo para aportar, curar y construir un mundo mejor:
Humanizando el mundo, para el bien del hombre, de todo hombre y de todos los hombres.
Fraternizando el mundo, haciendo más hermanos a los hombres.
Liberando al mundo, de tantas esclavitudes sociales, morales, culturales, económicas que atentan a su dignidad y derechos.
Redimiendo al mundo, para curar las heridas del odio, la venganza, la violencia, con la reconciliación y la paz
Promocionando al mundo, para ayudarle a construir una vida digna y un auténtico desarrollo humano integral desde la Verdad.
Esta es la fe samaritana desde la cual servimos al mundo para que tenga vida y vida en abundancia.

Si consideramos todas estas dimensiones en nuestra fe y la ponemos en práctica en la familia, en la sociedad y en la iglesia, tendremos una fe operativa, dinámica y misionera.
Que desde nuestro ser y quehacer como Cáritas del Perú irradiemos esta luz de la fe, recodando las palabras de Jesús a sus discípulos:
"SEAN MIS TESTIGOS HASTA LOS CONFINES DEL MUNDO".


Mons. Richard Alarcón Urrutia
Obispo de Tarma
Presidente de Cáritas del Perú

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