El poder de la palabra

David FischmanEs muy frecuente encontrar, al interior de las organizaciones, la costumbre destructiva de hablar a espaldas de otras personas. Este hábito se puede convertir en un cáncer que se expande y termine contaminando la cultura organizacional.

Los ejecutivos de una empresa cuando hablan a espaldas de sus compañeros, están envenenando la cultura organizacional con desconfianza, desunión y merman la productividad. No tiene sentido, pero es frecuente en las empresas. ¿Por qué?

Imagínese la siguiente situación. El gerente financiero le cuenta lo incapaz que es el gerente de marketing ante un problema. Se burla, describe sus errores y termina diciendo que no entiende cómo puede haber un gerente tan incompetente. Este gerente financiero no está buscando mejorar la gerencia de la empresa, está tratando de elevar su ego, disminuyendo al gerente de marketing. El ego es el causante principal del popular “raje”.

Cuando el “raje” se asienta en la cultura empresarial, se pierde la coordinación. Cada uno jala para un lado diferente, como el juego de jalar la soga, perdiendo ante el adversario que es la competencia. El hábito de hablar a espaldas de las personas crea en la organización bandos “buenos” y “malos”. Se entorpece la comunicación, se crea un clima de desconfianza, miedo y competencia desleal. Este clima hace más burocrática y lenta la toma de decisiones, disminuyendo la capacidad de respuesta ante la competencia. Hoy día tenemos que luchar con nuestros competidores y no contra nuestros compañeros.

A continuación, algunas sugerencias para evitar este problema:

Instituya la regla de las cartas abiertas: “Nadie dice algo de otra persona si esa persona no lo ha escuchado primero”. Cuando un colega o subordinado empieza el “raje”, no diga nada en ese momento. Si usted le muestra su error, es posible que lo niegue y el ego (motor del “raje”) explote en ira. Deje pasar unas horas y hágale presente el incidente. Estará más dispuesto a escuchar y cambiar.

Dé el ejemplo. La regla de las cartas abiertas funcionará sólo si usted da el ejemplo primero. Su boca puede ser un arma peligrosa. Póngale seguro y piense antes de hablar.

Cuentan que un maestro oriental estaba en la casa de una familia recitando una oración a un niño enfermo. Un amigo de la familia que observaba, se le acercó al final de su oración y le dijo: “Dígales la verdad, unas palabras no van a curar a este niño, no los engañe”. El maestro se volvió, lo insultó y gritando le contestó que no se metiera en el asunto. Al recibir este maltrato verbal, el amigo se sorprendió muchísimo, pues los maestros orientales nunca se alteran. Después, se sonrojó, se alteró y empezó a sudar profundamente. Entonces, el maestro lo miró con amor y le dijo: “Si unas palabras te ponen rojo, te alteran y te hacen sudar, ¿por qué no pueden tener el poder de curar?”

Usemos el poder de nuestras palabras en la empresa para construir y no para destruir. Esta actitud no sólo beneficiará el clima organizacional sino que también incrementará la paz y tranquilidad en nosotros mismos.


Escrito por: David Fischman
Autor, consultor, conferencista internacional
y miembro fundador de la UPC