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Un Jubileo Extraordinario para experimentar la Misericordia de Dios y ponernos al servico de los pobres

 

Mons. Richard Alarcón
Dr. Roberto Tarazona Ponte
Diácono permanente
Oficina de Asesoría Pastoral de Cáritas del Perú

 

“Jesús, ante la multitud de personas que lo seguían, viendo que estaban cansadas y extenuadas, pérdidas y sin guía, sintió desde lo profundo del corazón una intensa compasión por ellas. A causa de este amor compasivo curó los enfermos…con pocos panes y peces calmó el hambre de grandes muchedumbres. Lo que movía a Jesús…no era sino la misericordia, con la cual leía el corazón de los interlocutores y respondía a sus necesidades más reales” (Misericordiae vultus, nro.8)


El 12 de abril último, en la Fiesta de la Divina Misericordia, el Papa Francisco convocó oficialmente el Jubileo Extraordinario de la Misericordia en la Basílica de San Pedro con la publicación de la Bula de Convocación “Misericordiae vultus”(MV). Este Jubileo comenzará el 8 de diciembre del 2015 (Solemnidad de la Inmaculada Concepción y además el quincuagésimo aniversario de la conclusión del Concilio Ecuménico Vaticano II) y concluirá el 20 de noviembre de 2016 (solemnidad de Jesucristo Rey del Universo)

En relación al Concilio Vaticano II, el Papa nos señala  que “La Iglesia siente la necesidad de mantener vivo este evento…Los Padres reunidos en el Concilio habían percibido intensamente, como un verdadero soplo del Espíritu, la exigencia de hablar de Dios a los hombres de su tiempo en un modo más comprensible… Un nuevo compromiso para todos los cristianos de testimoniar con mayor entusiasmo y convicción la propia fe. La Iglesia sentía la responsabilidad de ser en el mundo signo vivo del amor del Padre “. (MV n.4).

En esta Bula, el Papa Francisco enfatiza en los rasgos más sobresalientes de la misericordia de Dios hacia los hombres de todos los tiempos, situándola bajo la luz del rostro de Cristo. El amor de Dios, su misericordia no es una idea, ni una palabra abstracta, sino una Presencia que descubrir y acoger, un rostro que reconocer, contemplar y amar. La misericordia de Dios es Jesucristo mismo, el hijo de María, quien compartió toda nuestra humanidad menos el pecado. La Bula nos ayuda a entrar en el misterio de la vida Trinitaria de Dios: Comunión de amor, de encuentro y diálogo; y se extiende en el ser y quehacer de la Iglesia como un signo creíble de la misericordia: "La misericordia es la viga maestra que sostiene la vida de la Iglesia".
(MV n. 10).

Vivir la Misericordia de Cristo para ser signos creíbles de su amor.

El Santo Padre nos recuerda que “La  Misericordia: es el acto último y supremo con el cual Dios viene a nuestro encuentro. Misericordia: es la ley fundamental que habita en el corazón de cada persona cuando mira con ojos sinceros al hermano que encuentra en el camino de la vida. Misericordia: es la vía que une Dios y el hombre, porque abre el corazón a la esperanza de ser amados para siempre no obstante el límite de nuestro pecado” (MV n.2). La experiencia del encuentro personal con el amor de Dios cambia radicalmente la existencia del que lo vive, y este cambio, esta conversión hacia el amor, se siente, se huele, se hace visible. Conmociona todo nuestro entorno, porque Dios mismo  se vuelve a hacer carne e historia, renueva la humanidad del que se abre y acoge su amor. El testigo es una palabra que viene de Dios y va directamente al corazón de quien quiere escuchar y acoger este mensaje de salvación. La misericordia de Dios encuentra un eco muy profundo en la intimidad de todo ser humano, creado por amor y para el amor.

Configurada nuestra vida en Jesucristo podemos responder a la interrogante que nos plantea  el Papa Francisco: «Y cuando usted da la limosna, ¿toca la mano de aquel a quien le da la limosna, o le echa la moneda?». Este es el problema: la carne de Cristo, tocar la carne de Cristo, tomar sobre nosotros este dolor por los pobres. La pobreza, para nosotros cristianos, no es una categoría sociológica o filosófica y cultural: no; es una categoría teologal. Diría, tal vez la primera categoría, porque aquel Dios, el Hijo de Dios, se abajó, se hizo pobre para caminar con nosotros por el camino. Y esta es nuestra pobreza: la pobreza de la carne de Cristo, la pobreza que nos ha traído el Hijo de Dios con su Encarnación. Una Iglesia pobre para los pobres empieza con ir hacia la carne de Cristo. Si vamos hacia la carne de Cristo, comenzamos a entender algo, a entender qué es esta pobreza, la pobreza del Señor”  (18 de mayo de 2013).

Entrando en el espíritu de este Jubileo, deberíamos preguntarnos sobre los frutos de este Año Santo vivido en clave de Misericordia y del testimonio eclesial de la caridad. ¿Qué nuevo impulso, nueva orientación, qué conversión pastoral  está llamando nuestra diakonía a los más necesitados?. ¿Cómo vivir este Jubileo promoviendo una mayor comunión y participación al interior de nuestros servicios pastrales que sirven y “tocan la carne de Cristo”?


Proponer al mundo la Misericordia de Cristo para conformar una sola familia humana.


Ciertamente constatamos que una de las pobrezas más hondas que el hombre de hoy experimenta  es la soledad; el mismo que nace del aislamiento, del no ser amados o de la dificultad de amar. El Papa Benedicto XVI, nos señalaba que esta realidad es provocada con frecuencia “por el rechazo del amor de Dios, por una tragedia original de cerrazón del hombre en sí mismo, pensando ser autosuficiente... Toda la humanidad está alienada cuando se entrega a proyectos exclusivamente humanos, a ideologías y utopías falsas. Hoy la humanidad aparece mucho más interactiva que antes: esa mayor vecindad debe transformarse en verdadera comunión. El desarrollo de los pueblos depende sobre todo de que se reconozcan como parte de una sola familia, que colabora con verdadera comunión y está integrada por seres que no viven simplemente uno junto al otro” (CiV n.53).

Lo cierto es que vivimos inmersos en la voracidad de un mundo cambiante, post moderno y globalizado, en un «mundo que se encuentra en un lamentable vacío de ideas» que pueda colmar y satisfacer plenamente la inmensidad y grandeza de la existencia humana, de lo propiamente humano, de su vocación más íntima.

El Jubileo de la Misericordia, es un tiempo de Gracia para proponer al mundo la persona de Jesucristo como “camino, verdad y vida” para todo el que quiera vivir con dignidad y plenitud, para todos los quieran salvarse. Un verdadero impulso para seguir trabajando en favor de un orden social a la altura de la vocación y la dignidad humana. La Bula nos dirá que la persona de Jesucristo “no es otra cosa sino amor. Un amor que se dona gratuitamente. Sus relaciones con las personas que se le acercan dejan ver algo único e irrepetible. Los signos que realiza, sobre todo hacia los pecadores, hacia las personas pobres, excluidas, enfermas y sufrientes llevan consigo el distintivo de la misericordia. En Él todo habla de misericordia. Nada en Él es falto de compasión”. (MV n.8).

¿Cómo configurar una ética y un orden  social basados en el Don, la Gratuidad, el Encuentro, la Verdad sobre el hombre, la entrega y el Amor?.

Por ello, este tiempo de Gracia que la Iglesia nos propone vivir, debe iluminar y fecundar las realidades humanas conformando una verdadera cultura en favor de la vida. Quienes estamos comprometidos en el servicio de la caridad desde la familia de Cáritas en el Perú, estamos llamados a contemplar la realidad con  ojos de esperanza y misericordia, sobre todo en aquellas realidades donde humana y socialmente parece perdido y sin solución alguna. El Santo Padre nos pide sumar esfuerzos contra la violencia organizada y contra las personas ''promotoras o cómplices'' de la corrupción, denuncia esta "llaga putrefacta" e insiste para que en este Año Santo haya una verdadera conversión: "¡Este es el tiempo oportuno para cambiar de vida! Este es el tiempo para dejarse tocar el corazón."(n. 19).

Que Santa María, Madre de la Misericordia, nos ayude a dejarnos sorprender por Dios, para ser hombres y mujeres de reconciliación y misericordia, para proclamar con confianza y sin descanso: '' Acuérdate, Señor, de tu misericordia y de tu amor; que son eternos''.

 

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Editado por: Imagen Institucional
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