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Un llamado urgente a proteger la casa común
La encíclica Laudato si' enriquece el magisterio social

Mons. Richard Alarcón
José Antonio Varela Vidal
Periodista

El pasado 18 de junio fue presentada la última encíclica del papa Francisco, titulada Laudato si’, que traducido al español significa “Alabado seas”. Son las palabras iniciales del famoso Cántico de las Criaturas que según las fuentes franciscanas, habría sido una inspiración del mismísimo san Francisco de Asís para elevar loas a Dios por todo lo creado.

Son cerca de 190 páginas las que contienen los seis capítulos de la segunda encíclica del santo padre, antecedida por la que publicó “a dos manos” en junio de 2013 con el papa emérito Benedicto XVI y que lleva por título Lumen fidei o “La luz de la fe”.

Para amenguar algunas críticas de quienes se han sentido aludidos frente a la firmeza del papa, cabe resaltar que la Santa Sede insiste que no se trata de una encíclica “verde” al estilo de un discurso ambientalista o de antesala a una campaña de sensibilización mundial. No, sino que más bien estamos ante una nueva iluminación y respuesta a un problema específico, por medio de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI).
Ya lo decía san Juan Pablo II en la Centesimus Annus: «La DSI no debe considerarse como una teoría, sino, por encima de todo, un fundamento y un estímulo para la acción».

Continuidad y tradición

Visto esto, tampoco nos encontramos frente a un “Papa ecológico” que de un momento a otro se suma a otras voces para salvar el planeta y lo que allí habita, provisto de una especie de ropaje que se usa y se deja de lado antes y después de una emergencia o un desastre natural.

Muy por el contrario, Francisco ha ejercido en este documento su autoridad para abonar a la larga tradición del magisterio pontificio sobre el tema, y hacer un llamado a la conciencia de la humanidad como líder de una de las religiones mayoritarias que ha velado siempre, con acción y reflexión, en el cuidado de la “casa común”.

Es así que en las enseñanzas de los anteriores pontífices encontramos una continuidad que vienen marcando un camino por donde transitar.
A través de la primera encíclica dirigida a “los hombres de buena voluntad” llamada Pacem in terris (1963),el santo papa Juan XXIII abordó el tema en medio de un mensaje que invocaba a la paz.

Le sigue el beato Pablo VI, quien en la encíclica Octogesima adveniens de 1971 y en un aplaudido discurso ante la FAO un año antes, ya había advertido de una «catástrofe ecológica», mientras hacía un llamado urgente a favor de «un cambio radical en el comportamiento de la humanidad».
Francisco menciona también en su encíclica la honda preocupación de san Juan Pablo II reflejada en varios de sus documentos, como fue la Redemptor homini de 1979 o la ya citada Centesimus annus donde fue enfático: «El cuidado del medio ambiente constituye un desafío para la entera humanidad: se trata de un deber, común y universal, de respetar un bien colectivo, destinado a todos (40)».

Y hace pocos años, Benedicto XVI abordó frontalmente el tema en un discurso al Cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede en 2007, a quienes invitó a «eliminar las causas estructurales de las disfunciones de la economía mundial y corregir los modelos de crecimiento que parecen incapaces de garantizar el respeto del medio ambiente».

Dentro de su esfuerzo de convocatoria mundial por “el cuidado de la casa común” que atraviesa toda la encíclica, el sumo pontífice cita entre otros, al patriarca ecuménico de la Iglesia ortodoxa, Bartolomé I, quien en diversos discursos ha formulado llamados al cambio. En uno de ellos invoca a un “arrepentimiento” por el modo en que la humanidad daña el planeta.

Cabe resaltar que uno de los textos citados fue expuesto por el también patriarca de Constantinopla durante el Día de Oración por la protección de la creación, que desde este año ha sido instituido por Francisco para que se celebre a nivel mundial el 1 de setiembre, la misma fecha en que lo viene haciendo durante años la Iglesia ortodoxa.

Los escritos de los santos Francisco de Asís, Buenaventura, Basilio Magno y Tomás de Aquino, así como los diversos mensajes de los foros mundiales y de los episcopados de todos los continentes han enriquecido las enseñanzas de la Laudato si’. A esto hay que sumar las citas contenidas de Dante Alighieri, Romano Guardini, del filósofo Paul Ricoeur y hasta del poeta místico islámico Ali Al-Kawwas, con quienes se ha identificado el papa.

El bien común como tarea

A la encíclica de Francisco debemos acercarnos con la convicción de que el cambio climático se ha convertido en una problemática global, que puede desencadenar graves consecuencias de tipo ambiental, social y económico para las naciones.

Los seis capítulos que conforman el documento parten describiendo los descubrimientos científicos más recientes en materia ambiental, así como los varios aspectos de la actual crisis ecológica (Cap. 1).

Para iluminar lo expuesto en la primera parte, el santo padre describe muy bien los relatos de la Biblia, en los cuales se puede distinguir la tradición judeo-cristiana de respeto a la creación y la plenitud que alcanza lo creado con Jesucristo (Cap. 2).

El documento llama las cosas por su nombre cuando reconoce con gratitud la contribución de la tecnología al mejoramiento de las condiciones de vida en el planeta; pero advierte que quienes tienen el poder económico para utilizarlo podrían ejercer un falso dominio sobre la naturaleza y explotar a las personas y a las poblaciones más débiles (Cap. 3).

En sus páginas encontraremos que la propuesta central del papa es una “ecología integral” como nuevo modelo de justicia social, donde el ser humano recupere su centralidad (antropocentrismo) en este mundo y mejore también sus relaciones con lo creado (Cap. 4).

Con un ánimo propositivo, el sucesor de Pedro pregunta a los lectores: ¿Qué podemos y debemos hacer? Descarta los excesivos análisis y declaraciones a fin de invocar nuevas propuestas que surjan de un debate "honesto y transparente", para que los intereses particulares o las ideologías no afecten al bien común (Cap. 5).

Finalmente, hay una clara invitación a una “conversión ecológica” que lleve a la humanidad y a sus industrias, a otro estilo de vida que “rediseñe” hábitos y comportamientos, llegando a proponer virtudes como la responsabilidad y la sobriedad (Cap. 6).

A modo de epílogo, Francisco propone dos oraciones: «una que podamos compartir todos los que creemos en un Dios creador omnipotente», y otra «para que los cristianos sepamos asumir los compromisos con la creación que nos plantea el Evangelio de Jesús».

 

Balance Social de Cáritas 2014

Segunda encíclica del Santo Padre sobre el cuidado de la creación
Créditos: Aleteia

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Editado por: Imagen Institucional
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