David Fischman






Escrito por: Eco. Humberto Ortiz Roca
Secretario Ejecutivo de la Comisión Episcopal para la Pastoral Social

 

Derecho a la alimentación en el Perú

Proyecto Ally Micuy
Los derechos humanos se refieren a las condiciones de vida de los seres humanos que deben garantizarse por las sociedades y los Estados y tienen su fundamento en la dignidad humana, por ser hijos e hijas de Dios. “La fuente última de los derechos humanos no se encuentra en la mera voluntad de los seres humanos, en la realidad del Estado o en los poderes públicos, sino en el hombre mismo y en Dios su Creador” (Compendio de la DSI, No. 153). Una necesidad básica de las personas es la alimentación y por ello lograr los niveles por lo menos mínimos de nutrición que les permita su desempeño en la vida, lo cual es mucho más dramático en los primeros años de vida en que las personas van logrando las condiciones básicas para valerse en la vida, en etapas posteriores.

En el Perú, si bien ha habido avances importantes en la reducción de la pobreza, todavía son muchas las personas que no tienen acceso a la canasta básica alimentaria. Según las últimas estadísticas, la pobreza extrema se redujo al 7% de la población (ENAHO, 2011), pero ello significa que alrededor de 2´100,000 personas en el Perú pasan hambre y ello se constata mucho más en las regiones de la sierra y la selva del país. Preocupa especialmente la “pobreza calórica” derivada de los bajos niveles de ingesta de nutrientes.

Una situación derivada de lo anterior es la denominada “desnutrición crónica” en los niños y niñas. Es un tema especialmente resaltado por UNICEF que pone en evidencia el efecto en los niveles de vida de los niños y niñas que tienen niveles de ingesta de nutrientes muy por debajo de lo necesario, siendo que en los primeros 5 años de vida se conforman las bases, entre otros,  para el desarrollo cognitivo futuro, lo cual ya es una desventaja para niños y niñas que sufren desnutrición crónica y que se agudiza en las regiones del país que sufren de marginación.

Es por ello necesario avanzar en políticas públicas en favor de la seguridad alimentaria; esto es, las que favorezcan cuando menos el acceso a los alimentos, el bueno uso de los mismos y su disponibilidad. La disponibilidad de alimentos tiene que ver de manera muy importante con la producción local de los mismos y es por ello que se dice que no serían suficientes solamente políticas alimentarias sino políticas agro-alimentarias, que pongan especial énfasis en la calidad de los productos alimenticios y el suministro adecuado de los mismos por los productores nacionales. El producto peruano es cada vez más valorado en el mundo, pero en contrapartida las políticas públicas para promoverlo y desarrollarlo son todavía muy débiles.

El país sigue importando alimentos para cubrir las necesidades de alimentación de la población. El valor de las importaciones de alimentos por año se aproximan a los USD 3,000 millones, en productos tales como trigo, maíz amarillo duro, soya, arroz, azúcar, grasas, aceites, carnes rojas, etc. y se han enfrentado las situaciones de fluctuaciones de los precios internacionales debidos a la especulación internacional en las bolsas de productos (“commodities”) que afectaron principalmente los años 2010, 2011.  En general se necesita apoyo a la agricultura, pero muy especialmente al pequeño productor. 

Todavía ha quedado muy corto el lema de 2013: “año del desarrollo rural y la seguridad alimentaria”, pero es importante seguir tomando conciencia que ambos temas van a la par, el desarrollo del agro y especialmente de los pequeños agricultores, con la seguridad alimentaria. Ciertamente, no sólo seguridad alimentaria garantizada con importaciones de alimentos, sino principalmente lo que se denomina “soberanía alimentaria”, esto es, que el país sea capaz de cubrir su demanda de alimentos con producción de los propios agricultores y agricultoras peruanos que están trabajando y necesitan mucho más apoyo del estado.

Las experiencias de Caritas en la promoción de la producción de los agricultores y agricultoras nacionales desde las Diócesis, son buenos ejemplos a resaltar.