Monseñor Pedro Barreto: “Estamos viviendo un tiempo nuevo en la vida de la Iglesia”

 

Mons. Pedro BarretoMonseñor Pedro Barreto Jimeno es el actual Arzobispo Metropolitano de Huancayo y Presidente del Departamento de Justicia y Solidaridad del Consejo Episcopal Latinoamericano y del Caribe (CELAM), organismo encargado de promover el desarrollo humano integral de la población más pobre de Latinoamérica.

Su labor a favor del cuidado del medio ambiente es ampliamente conocida. Ha liderado la lucha contra la contaminación minera en La Oroya, con la campaña “El Mantaro Revive”, que propuso una solución integral y sostenible al problema de salud ambiental en La Oroya y en la cuenca del río Mantaro.

En el año 2011, la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos le otorgó el Premio Nacional de Derechos Humanos “por su labor y contribución a la defensa de los derechos humanos, y su decidido apoyo a los más pobres”.

Su valentía y franqueza le han valido varias amenazas de muerte, pero Monseñor no se intimida, viaja solo y sin guardaespaldas. El Arzobispo de Huancayo ahora enfrenta un nuevo reto, levantar la voz sobre el problema del  reasentamiento del pueblo de  Morococha.

Cáritas del Perú lo entrevistó en la Primera Sesión Formativa sobre la Doctrina Social de la Iglesia, donde habló, como no podría ser de otra manera, sobre la necesidad de una “Iglesia pobre y para los pobres”.


¿Cuál debe ser la posición de la Iglesia respecto a los temas medioambientales?

La Iglesia siempre ha defendido la vida como un don de Dios, pero al mismo tiempo también defiende el entorno natural, que es nuestra casa común. Cuando uno afecta la naturaleza, afecta también a la persona. El Papa, al llamarse Francisco, patrono de la ecología, está diciendo que es el hombre de la paz, el hombre pobre, el hombre que cuida la creación de Dios.

En el Perú ¿qué acciones concretas debe hacer Iglesia frente cambio climático y a las industrias que afectan al medioambiente?


Jesús dijo: “el árbol se conoce por sus frutos”. El cambio climático es un fruto de la irresponsabilidad de los grandes países, de los grandes empresarios, de la irracionalidad en el uso de los recursos naturales, simplemente para afianzar esta creciente riqueza sin ningún rostro humano y sin ningún respeto a la vida de la persona como don de Dios.

Usted ha liderado la campaña “El Mantaro Revive”, que fue una campaña muy importante. A varios años de haberse iniciado, ¿Cuál es el balance?

El proyecto El Mantaro Revive es una propuesta de la sociedad civil organizada a través de una mesa de diálogo ambiental. Este proyecto ha sido financiado en dos etapas por el Fondo Ítalo Peruano y ha marcado una gran diferencia con lo que antes se vivía. Por ejemplo, el lago Chinchaycocha, con 53 mil hectáreas, está siendo contaminado por relaves pasados que entran al lago, lo grave es que ahí comienza el río Mantaro. Por tanto, el río Mantaro no solamente está muerto por los relaves mineros de todo el valle, sino también desde sus inicios.  

Descripción: Descripción: Mons. Pedro Barreto¿Y cuál es la situación en La Oroya?

La Oroya tiene una especial significación para la Iglesia. En 1934, Monseñor Rubén Berroa, Obispo de Huánuco, levantó la voz de protesta para decir que los humos tóxicos de La Oroya eran realmente catastróficos para la vida de la población y no le hicieron caso. Después vino Monseñor José Ríos Reynoso, mi predecesor en el Arzobispado de Huancayo,  quien también indicó que la situación era gravísima. A partir del año 2004, yo asumo esta defensa irrestricta de la vida y del entorno natural, especialmente de La Oroya y de la cuenca del Rio Mantaro y ahí surge este proyecto y este sueño de todos, de que el Mantaro reviva, que el Mantaro vuelva a ser como Dios lo creó para poder hacer fructificar las fecundas y fértiles tierras de su valle.

Hay un problema latente en la región Junín, que es el problema del reasentamiento de Morococha ¿Cuál es la situación de este pueblo?

Desde hace año y medio, Morococha ha tenido que reasentarse en un nuevo lugar y yo he sido participe de este proceso como facilitador de la Mesa de Diálogo para el Reasentamiento Poblacional. En el reasentamiento ha habido una serie de problemas. El principal es que de las 1550 familias que había en el pueblo, todavía quedan unas 200 familias que siguen en Morococha antigua.

Este reasentamiento se origina cuando la empresa Chinalco inicia un megaproyecto a tajo abierto en la zona de Morococha antigua. En este momento, lamentamos mucho y yo he tenido que denunciar públicamente que la OEFA, el organismo de evaluación ambiental del Estado, ha señalado que la empresa Chinalco ha contaminado gravemente dos lagunas. Aquí no hay ninguna disculpa, aquí hay un falta gravísima de la empresa, que ha cometido un gravísimo daño ecológico que espero pueda ser remediado en el más corto plazo por el bien de la población.

¿El Arzobispado planea alguna reacción a este hecho?

La Pastoral Social del Arzobispado de Huancayo tiene tres comisiones: una de derechos humanos, otra de ecología y una pastoral penitenciaria. Las dos primeras, están en una vigilancia social de los derechos, pero también en una vigilancia ambiental. La empresa y las autoridades están informadas que nosotros como Iglesia estamos vigilando juntamente con la sociedad para que esta experiencia no dañe la vida el entorno natural de la población de Morococha.

En su experiencia luchando por el medio ambiente, ¿Cuáles han sido los mayores obstáculos a los que se ha enfrentado?


Más que luchar por el medio ambiente, la lucha es por la vida de la persona y su entorno natural. La mayor dificultad es la incomprensión de los mismos pobladores. Eso sucedió en La Oroya y está sucediendo en otros lugares. Algunos pobladores sólo buscan sus propios intereses. Por ejemplo, tienen una casa en nuevo Morococha y se desentienden del problema social que otras familias están viviendo.

La otra dificultad es que desde el primer momento yo he insistido como Arzobispo de Huancayo en que haya un proyecto alternativo a la explotación minera, para que no se repita lo mismo que ha sucedido en La Oroya, donde la población dependía de la fundición. Ahora Morococha depende exclusivamente de la explotación minera y la explotación minera tiene un techo de 40 años, ¿qué va a pasar de aquí a 40 años? , va a pasar lo que ha pasado en La Oroya, por eso insistimos en que haya un proyecto de desarrollo alternativo.

Sabemos que el Arzobispado de Huancayo está en un proceso de renovación ¿Qué podría decirnos al respecto?


Ya desde hace dos años y medio, había una necesidad de una renovación de la Arquidiócesis. En este momento estamos viviendo un tiempo nuevo en la vida de la Iglesia con el Papa Francisco, quien nos invita a una nueva etapa evangelizadora, a una nueva manera de vivir nuestra fe, es decir, una Iglesia que salga, una Iglesia que esté atenta a los signos de los tiempos, a los sufrimientos de las personas.

El Papa ha pedido a Cáritas Internationalis luchar contra la pobreza, contra el hambre, pero no solamente con un afán asistencialista, sino atacando las causas que generan el hambre y la pobreza en el mundo. Entonces estamos viviendo esta etapa de renovación y a mí como parte de la Arquidiócesis me alegra muchísimo que los más entusiasmados sean los laicos. Hay una participación masiva en las parroquias y yo auguro que Dios nos seguirá bendiciendo en este proyecto de renovación pastoral.


Entrevista realizada por: Mercy Huaroto Landeo
Asistente de Imagen Institucional