Roberto Tarazona Escrito por: Roberto Tarazona
Diácono permanente - Oficina de Asesoría Pastoral de Cáritas del Perú


A propósito del Proyecto “Quien Acoge a un niño en mi Nombre…”

Promoviendo la Acogida familiar
“… es preciso reafirmar el derecho de los niños a crecer en una familia, con un padre y una madre capaces de crear un ambiente idóneo para su desarrollo y su madurez afectiva. Seguir madurando en relación, en confrontación, con lo que es la masculinidad y la feminidad de un padre y una madre, y así armando su madurez afectiva''. (Papa Francisco 11/IV/2014)

1.- Los niños y adolescentes (NNA) abandonados: cuarta emergencia humanitaria.

Según el Informe de la  Defensoría del Pueblo (Nº 153/ VIII 2011) existen en el Perú cerca de 17,000 niños y adolescentes que viven fuera de sus hogares confinados a un CARs (Centro de Acogida Residencial) donde llegan por mandato judicial de parte del Estado peruano quien considera que la familia o el entorno familiar atenta contra el bien supremo del niño o del menor.

Según UNICEF (mayo 2010) existen CAR públicos y privados registrados en el MIMDES:

    * 2,006 menores en 35 centro de INABIF.
    * 1,355 menores en 27 Aldeas Infantiles
    * 1.011 menores  en 18 institutos de la Sociedad de Beneficencia Pública – MIMDES.
    * 12.300 menores en 246 CAR privados, registrados en el MIMDES.

Pero ¿qué pudo haber sucedido para considerar que la propia familia es nociva para sus integrantes, sobre todo para los más pequeños? Si no se encuentran seguros y protegidos en la propia familia, ¿dónde podrá estar seguro un niño?
Lo cierto es que la ruptura de la familia,  el abandono familiar, abuso y  maltrato infantil, así como la explotación infantil constituyen los motivos más frecuentes que conducen hoy a un niño o un adolescente a vivir un largo periodo en un CAR, representando una realidad que marca  negativamente al menor por siempre.

Lo cierto es que múltiples estudios a nivel mundial señalan el impacto negativo sobre los NNA que están sometidos a largos procesos de internamiento en un CARs o como se ha venido a denominar una “institucionalización” prolongada. Señalan que concurren 4 tipos de emergencia que afectan significativamente al niño, veamos:

Una Emergencia individual: La condición de abandono del niño lo expone a una situación de vulnerabilidad físico-cognitiva, psico- afectiva-emocional y social de tipo acumulativo. En los niños y adolescentes abandonados (NNA) afloran una variedad de síntomas, al estar confinados en un CAR: sentimientos de rechazo, resistencia a la relación, agresividad, baja autoestima, etc,  se agravan con el paso del tiempo hasta que el niño decide romper definitivamente cada forma de confianza y de disponibilidad en relación con otro y el adulto

Una Emergencia generacional: Donde falta la primera barrera de protección y de tutela - tanto de la propia familia o de la familia extensa - el niño  siente que no pertenece a nada ni a nadie. Se siente sólo en un mundo que no comprende ni acepta, sin historia, ni referentes familiares, sin pertenecer a ningún grupo humano, sin pasado ni futuro.

Una Emergencia político-social: Los actuales sistemas de protección de la infancia se revelan ineficaces en contener el fenómeno, además la incapacidad o la escasa voluntad de controlarlo. Por ejemplo, largas temporadas de “inmersión” en CAR fantasma que se substraen al control y a la supervisión pública, la falta de una Base de datos que deja a muchos menores “sin identidad” dejándolos así permanecer en una condición de limbo “jurídico” sin un proyecto de vida familiar, etc.

Una Emergencia  cultural: Escasa consideración del fenómeno del abandono infantil y de la realidad de los NNA que viven en un CAR. Existe la opinión generalizada que frente a las dificultades que vive una familia lo mejor es que un niño viva en un albergue o un CAR, sin considerar en lo más mínimo el daño que ello ocasiona  en el menor. Así mismo es común la progresiva desvaloración de la familia: ceden los vínculos familiares, crece la separación y del divorcio, abandono de los padres, etc. Al interior de las familias: los derechos de los niños parecen en muchos casos contraponerse a los derechos de los adultos, en un conflicto que la mayoría de las veces los ve sucumbir.

El abandono infantil asume por lo tanto dimensiones y características tales, en Perú como en otras partes del mundo, por haber sido reconocido como la cuarta emergencia humanitaria, después del hambre, la enfermedad y la guerra.

El abandono infantil es una emergencia humanitaria con múltiples peculiaridades y consecuencias. El niño tiene necesidad del amor de sus padres y de su familia. Necesidad de establecer y nutrirse de relaciones afectivas estables y seguras.

Por tanto no puede estar expuesto a situaciones afectivas desérticas o continuamente variables: ruptura traumática de la relación con la familia de origen, alternancia constante de los educadores de CAR, repetido pasaje de una familia acogedora a otra, etc.

La institucionalización del menor en un CAR no debería sobrepasar entre los 3 y  5 años. Este internamiento debería ser una medida de protección temporal y excepcional a fin de que el alejamiento del niño pueda contribuir a superar una fase de presunta y momentánea dificultad familiar o consienta a las autoridades identificar la familia sustituta que mayormente se adapta para el menor mismo. Es la familia, en efecto y no el instituto el ámbito de crecimiento ideal para un menor y es importante que la sociedad entera sea sensibilizada e informada sobre el mensaje de acogida y de adopción de aquellos niños y adolescentes que han sido privados del amor de los padres.

2.- La acogida familiar como respuesta al abandono del niño

Desde hace mas de un año, Cáritas del Perú, desde la gerencia de Desarrollo Social viene implementando el   Proyecto: “Quien acoge a un niño en mi nombre…”, financiado por la Conferencia Episcopal Italiana, ejecutada por la Conferencia Episcopal Peruana y Cáritas del Perú con el apoyo técnico de la Asociación Amici dei Bambini AiBi - sede Perú, busca generar y fortalecer mejores procesos de Promoción de la Acogida Familiar de niños, niñas y adolescentes (NNA) que viven en Centros de Acogida Residencial (CARs).

El proyecto quiere ser una respuesta técnica, social,  humana y pastoral  a la problemática del  abandono del niño sin familia, realizando una mayor incidencia en sociedad, la misma Iglesia y en los operadores políticos y judiciales encargados de atender esta realidad.

El objetivo general de este proyecto es: "sostener y acompañar la acogida familiar a favor de niños, niñas y adolescentes que se encuentran institucionalizados en los Centros de Atención Residencial".   Tiene como  objetivo específico:   " Aumentar las posibilidades  de  los  menores que se encuentran en estado de abandono o dejados sin el cuidado y el cariño de sus padres puedan ser adoptados o acogidos, según las formas propias de la acogida familiar, expresión del mensaje de acogida evangélica". 

Estamos concientes de que el estado de abandono infantil, es la situación en que se encuentran miles de niños en Perú, pero no puede ser la condición en que deben habituarse a sobrevivir. Hemos visto cómo el abandono sufrido es una experiencia difícil y una herida dolorosa que incide sobre la identidad profunda del niño: si un hijo es rechazado, o se queda sin el vínculo con quien lo ha engendrado, éste pierde su identidad. El abandono en efecto desencadena en el hijo un complejo proceso de reinterpretación de sí. Le deja un vacío puesto que interrumpe una relación que es constitutiva de la propia historia.

La adopción es en raíz la respuesta a una llamada que nace desde el abandono de un niño, en grado de hacer que mute de significado el acto de abandono aparentemente fin a sí mismo en uno de acogida. La adopción es un auténtico reto: revela cómo la paternidad y la maternidad en la pareja no son jamás reducibles a cuestiones puramente biológicas. La adopción revela que la paternidad y la maternidad son un acto de amor creativo.  En ella se exalta en efecto la experiencia más específica de la relación filial: la aceptación incondicional del niño como hijo propio, así como no biológicamente engendrado. La adopción es un auténtico reto de amor y de providencia de Dios: revela cómo la paternidad y la maternidad en la pareja no son jamás reducibles a cuestiones puramente biológicas.

La familia, como ambiente afectivo de amor, de acogida, de educación primaria, es por lo tanto la única respuesta que puede colmar el vacío del abandono, y en cuanto tal es solamente la familia que tiene la respuesta a la pregunta del niño de “ser hijo”. Ninguna otra institución puede pensar sustituirse a este recurso (de otro modo volvemos a la solución institucional, con todas sus fallas y límites). Las instituciones pueden y están llamadas a alimentar, sostener, vigilar y coordinar esta disponibilidad, creando las condiciones – en términos de servicios, de apoyos, de incentivos, de facilidades – para la difusión y para el buen éxito de las disponibilidades a la acogida familiar (adopción, acogida).

La familia, como ambiente afectivo de amor, de acogida, de educación primaria, es por lo tanto la única respuesta que puede colmar el vacío del abandono, y en cuanto tal es solamente la familia que tiene la respuesta a la pregunta del niño de “ser hijo”.

Ninguna otra institución puede pensar sustituirse a este recurso.

Queremos hacer nuestras las palabras de San Juan Pablo II quien llama  a la familias a “alargar su amor más allá de los vínculos de la carne y de la sangre, alimentando los enlaces que se radican en el espíritu que se desarrollan en el servicio concreto a los hijos de otras familias, frecuentemente necesitados hasta de las cosas más necesarias.”