Roberto Tarazona Escrito por: Roberto Tarazona
Diácono permanente - Oficina de Asesoría Pastoral de Cáritas del Perú


"Fortalezcan sus corazones en la caridad"

«Para la Iglesia, la caridad no es una especie de actividad de asistencia social que también se podría dejar a otros, sino que pertenece a su naturaleza y es manifestación irrenunciable de su propia esencia» (SS Benedicto DCE, 25 a)


Servir a los pobres, un tiempo de Gracia y de Conversión

El Santo Padre Francisco nos entregó como cada año, su mensaje por Cuaresma con el cual nos invita a entrar en el misterio de la pasión, muerte y la resurrección de Jesucristo, ayudándonos a situarnos existencial y espiritualmente frente al necesitado  desde una actitud de servicio, respeto y humildad. Queremos compartir una reflexión de este importante mensaje considerando el servicio de la caridad y la pastoral social.


El Santo Padre nos señala que “la Cuaresma es un tiempo de renovación para la Iglesia, para las comunidades y para cada creyente. Pero sobre todo es un «tiempo de gracia» (2 Co 6,2)”. Somos conscientes que el Espíritu Santo renueva el camino de la Iglesia en las realidades históricas que le toca vivir. Renovación de la Iglesia desde realidades fundantes que la definen: la impostergable y urgente tarea de Evangelizar a un mundo que se mueve a gran velocidad y  en permanente cambio. Mundo cada vez más globalizado y secularizado, impregnado de luces y sombras, en donde debemos poner nuestra tienda y leer los signos de los tiempos, como criterio de fidelidad al mandamiento del amor.

Por lo tanto evangelizar, no es una actividad externa al ser y la misión de la Iglesia, sino que es la razón misma de su ser, porque ella existe para evangelizar. Evangelizar es su dicha, su alegría, su vocación y su razón de ser. Existe para llevar a todos los hombres al encuentro personal con su Creador. Proclamar la Buena Nueva que Cristo anunció: Dios nos ama de manera personal y definitiva, y nos ha dado a su Hijo como muestra de ese Amor. Jesucristo en el Camino, la Verdad y la Vida que debemos de seguir para alcanzar la vida eterna. Evangelizar es anunciar la Buena Nueva de la proximidad del Reino de Dios. ¿Cómo anunciar el Evangelio de la Vida al hombre de  hoy?. El Beato Pablo VI, bien lo intuía en la EA Evangelii Nuntiandi al señalar que se trata de «hacer a la Iglesia…todavía más apta para anunciar el Evangelio a la humanidad de este siglo” y nos preguntaba si “la Iglesia ¿es más o menos apta para anunciar el Evangelio y para inserirlo en el corazón del hombre con convicción, libertad de espíritu y eficacia?» (EN nro.4). ¿Qué contestaríamos hoy?, ¿Nuestra presencia y trabajo pastoral va en esta línea?. Renovar nuestra Iglesia, nuestra vida pastoral, nuestro testimonio personal y comunitario, debería considerar estas interrogantes. El Papa afirmaba que existe  «una necesidad urgente de dar a tal pregunta una respuesta leal, humilde, valiente, y de obrar en consecuencia»

El Papa Francisco nos recuerda que cada uno de nosotros le interesa a Dios; su amor le impide ser indiferente a lo que nos sucede. Por ello, nos llama la atención sobre esta cultura de la indiferencia e individualismo que impide ver el rostro del hermano y por lo tanto el rostro de Dios. Por ello señala que “uno de los desafíos más urgentes es  la globalización de la indiferencia”.

La caridad nos configura en una sola familia humana

La cultura del descarte señalada ya por el Papa Francisco, probablemente sea uno de los signos más característicos de esta sociedad consumista e indiferente. El Santo Padre pone el dedo en la llaga al señalar que: “La indiferencia hacia el prójimo y hacia Dios es una tentación real también para los cristianos. Por eso, necesitamos oír en cada Cuaresma el grito de los profetas que levantan su voz y nos despiertan”. Esta es una las tareas principales de la Pastoral Social, la voz profética que se levanta en favor de la vida y la dignidad de las personas. Urge señalar y comprometer allí donde el hombre pasa sed, hambre, enfermedad, soledad…y donde el mismo Jesucristo nos espera para sentarnos juntos en la mesa del Reino de Dios. Frente a la cultura de la indiferencia y del consumo, estamos llamados a vivir la cultura de la solidaridad, la austeridad, la justicia  y la fraternidad.

Los pilares de la renovación eclesial

El Papa Francisco nos propone, en este tiempo de Cuaresma, tres pilares fundamentales para renovar la vida eclesial y por extensión la pastoral social. Nos señala la necesidad de fijarnos en el sufrimiento de los hermanos, ubicando dónde se encuentra este hermano  y la necesidad de fortalecer nuestros corazones en la caridad de Jesucristo.


1. «Si un miembro sufre, todos sufren con él»: La Iglesia

La caridad que estamos llamados a vivir, nace de la experiencia de ser amados por Dios, quien nos reviste de su bondad y su misericordia. Por eso el servicio de la caridad no es un mandamiento que nos viene de fuera, sino que es un reboce de agradecimiento a quien nos amó primero. Por ello, este tiempo de Cuaresma y todo tiempo nos invita a  salir del encuentro del hermano que sufre. El mundo necesita del testimonio público de la Caridad, como expresión de Don y Gratuidad de los hijos de Dios, porque revestidos de Cristo, podemos llegar a ser como Él, siervo de Dios y de los hombres. El Papa nos dice que “La Cuaresma es un tiempo propicio para dejarnos servir por Cristo y así llegar a ser como Él. Esto sucede cuando escuchamos la Palabra de Dios y cuando recibimos los sacramentos, en particular la Eucaristía. En ella nos convertimos en lo que recibimos: el cuerpo de Cristo”.

2. « ¿Dónde está tu hermano?»: Las parroquias y las comunidades

El Papa Francisco nos pregunta: ¿si somos un cuerpo que conoce a sus miembros más débiles, pobres y pequeños, y se hace cargo de ellos?. Podríamos nosotros añadir: ¿Cuáles son las opciones pastorales de nuestro servicio de la caridad?, ¿Responden realmente a las necesidades de los más pobres?. Nos invita a “cruzar el umbral que nos pone en relación con los pobres y los alejados. La Iglesia por naturaleza es misionera, no debe quedarse replegada en sí misma, sino que es enviada a todos los hombres”
 Por ello, es urgente tomarle el pulso a la realidad local para “llegar a ser islas de misericordia en medio del mar de la indiferencia”, pero sobre todo para trabajar con todos los “hombres de buena voluntad” en la construcción del Bien común para todos y cada una de las personas, sobre todo de los más desfavorecidos.

3. «Fortalezcan sus corazones»: La persona creyente

El Papa Francisco nos recuerda la necesidad de “orar en la comunión de la Iglesia terrenal y celestial”. Nos pide abrir nuestros corazones a las necesidades del otro. El Papa Benedicto XVI, nos decía que era necesaria una organización para un servicio adecuado a los pobres. Esta es una tarea de la pastoral social. En medio de tantos rostros y signos de la pobreza, el Santo Padre nos recuerda que ”el sufrimiento del otro constituye un llamado a la conversión, porque la necesidad del hermano me recuerda la fragilidad de mi vida, mi dependencia de Dios y de los hermanos.”

Por ello es necesario vivir un camino de formación del corazón, como dijo Benedicto XVI (Cfr. DCE n. 31).Un corazón que se deje impregnar por el Espíritu y guiar por los caminos del amor que nos llevan a los hermanos y hermanas. En definitiva, un corazón pobre, que conoce sus propias pobrezas y lo da todo por el otro.
Pidamos a Santa María, Madre de la Vida, que nos configure como discípulos misioneros del Amor Hermoso para que en EL tengamos vida en abundancia.