Julio Amézquita






Escrito por: José Antonio Varela Vidal
Periodista


Dos años del hermano Francisco


Papa FranciscoEl pasado 19 de marzo se han cumplido dos años desde que Francisco, el papa “venido del  fin de mundo” iniciara su representación.

Han sido 24 meses y más días desde aquella memorable aparición en el balcón de la Basílica de San Pedro, recién elegido y despojado de capa y oropel, cuando se le vio pidiendo oraciones a su pueblo como el más necesitado del favor de Dios.


Parece ayer cuando en la ceremonia de inicio del pontificado se le vio entrar a la majestuosidad de la plaza petrina con la misma sencillez con que ingresaba a la catedral de Buenos Aires, o a una parroquia de los barrios obreros que visitaba sin previo aviso en la capital argentina.


Fue entonces cuando Francisco expresaría su plan y su estilo, para así, bajo el patrocinio de San José, pedir a la humanidad que fuera “custodia de la creación”. Eran días en que ya los medios de comunicación empezaban a evocar su vida austera, sus renuncias y mortificaciones, o publicando aquellas fotos trepado en el metro urbano, mientras se murmuraba sobre un olor a oveja que no se le quitaba…


Confesionarios llenos


Bastaron pocos días para alborotar confesionarios y conciencias. Él, un infatigable confesor, director espiritual y predicador de retiros, sacó a la luz lo que no podía quedar más tiempo por debajo de la mesa: que Dios es amor.

“Dios no se cansa de perdonar, somos nosotros los que nos cansamos de pedir perdón”, fue aquella frase dicha por el Santo Padre desde un púlpito cualquiera, la que enterneció corazones y removió conciencias a nivel planetario.
Y allí aparecieron, uno a uno, los hijos pródigos ya sin padre, las pecadoras apedreadas y los Nicodemo sin visitas… Llegaron entonces los tullidos en nuevas camillas, las hemorroísas frente a un nuevo manto, y los que ya no se sentían juzgados ni por el Papa.


Reformador y austero

No ha sido raro ver en estos dos años al Papa Francisco tener gestos de renuncia y simplicidad a pesar del alto cargo que ostenta. Muy en contra de su voluntad, ha trascendido cómo realiza él mismo sus llamadas telefónicas, marca su ascensor y se ocupa de pagar sus gastos personales.

Varios ex príncipes y dignidades clericales sintieron cuestionado su propio modus vivendi cuando el Santo Padre decidió vivir en un apartamento de 120 metros cuadrados; o al verlo hacer su fila en el comedor comunitario en medio de obreros y trabajadores del Vaticano. Esto sin contar las caminatas de su casa al templo o a la oficina y toda renuncia al S índrome del Palio.

Mención aparte es el esfuerzo que viene haciendo Bergoglio en la reforma de la Curia, queriéndole dar un halo de transparencia a todas las acciones. Entre ellas saltan las finanzas, porque habría impartido instrucciones para que el Vaticano deje de ser un paraíso fiscal y que se someta de inmediato a las leyes de la economía global.

Y allí está él mismo, con su cruz pectoral del Buen Pastor y el anillo episcopal de siempre -que no serían ni de plata-, dando un mensaje claro a un mundo sediento de coherencia en la Iglesia. Actitudes evangélicas todas que estarían llevando a que varios prelados dejen atrás valiosos ornamentos y otros signos visibles, mientras esperan pasarlos a los museos diocesanos o efectivizarlos en las obras socio caritativas.


Profeta de las naciones



Papa FranciscoNo habían pasado las primeras semanas de su llegada a Roma, y ya estaba poniendo en práctica uno de sus mensajes principales: “¡Salir!”. Y mejor aún –lo dijo-, si esto sirve para alcanzar “las periferias geográficas y existenciales”.

Por eso sería que en menos de cuatro meses tomaba un avión para “tocar la carne de Cristo” –en sus palabras-, y encontrarse con los refugiados y migrantes del norte africano que viven como en una especie de reclusión temporal en la isla sureña italiana de Lampedusa.
Allí los abrazó, mientras gritaba al mundo “¡Que no se repita!” en alusión a los cientos de inmigrantes que en busca de una vía de esperanza, habían encontrado más bien en el océano una “vía de la muerte”.

Otros viajes han sucedido a estos, que no han estado exentos de frases memorables y llamados a la esperanza. Su celo pastoral lo ha llevado en poco tiempo a Tierra Santa y a países como Brasil, Turquía, Corea del Sur, Albania, Sri Lanka y a Filipinas, donde lloraría con las víctimas del tsunami de 2013 y les pediría perdón por no haber llegado antes.


Sus pasos lo han conducido al Parlamento Europeo y al Concilio de Europa –ambos en Bruselas-, para hablar con firmeza sobre el hedonismo reinante. Y ha visitado como obispo de Roma varias parroquias de la urbe y ciudades italianas como su amada Asís.

Con una diplomacia muy fina y personalísima, este hombre de blanco ha conseguido que las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos se encaucen hacia la paz, desbloqueando un enfriamiento de décadas alimentado por tensiones y amenazas que alejaban la concordia en la región.


Alegre por el evangelio


Hay textos de Francisco que ya forman parte del rico magisterio pontificio, como es la Carta a las Comunidades de Base del Brasil de 2013. Y ese mismo año dirigiría clarísimos mensajes a los participantes de las conferencias del G-20 y del G-8 reunidos en Rusia y en Inglaterra, respectivamente.

En el 2014, salieron de su corazón hermosas letras como la Carta a los cristianos de Medio Oriente y aquella a las Familias. Unidas a estas brotó el llamado ante la situación del Norte de África en una carta urgente al Secretario General de la ONU, así como, una nueva invocación a las potencias mundiales, quienes reunidas en Australia recibieron su mensaje durante la siguiente reunión del G-20.

Se ha catalogado de histórica la Carta a Su Santidad Tawadros II, papa de Alejandría y patriarca de la sede de San Marcos, recordando el primer aniversario del encuentro fraterno que tuvieron ambos en Roma el 10 de mayo de 2013. Otros encuentros de tipo ecuménico vienen sucediéndose con buena respuesta.
El mundo espera ahora la anunciada “encíclica verde” o referida al cuidado de la creación, muy en sintonía con el espíritu del Hermano de Asís. Ya este magisterio para los sencillos recibió en junio de 2013 la encíclica Lumen fidei y, fue enriquecido en noviembre de 2013 con la exhortación apostólica Evangelii gaudium.


El limosnero de Dios


La dimensión sociocaritativa del Papa tiene al mundo atento a cada gesto, qué duda cabe.

Muy en consonancia con el evangelio de la expulsión de los mercaderes del Templo, y en la línea de su pensamiento de que “no hay que hacer negocios con la Iglesia en beneficio propio”, el papa Bergoglio cortó con el indigno comercio de las bendiciones papales que circundaban la plaza de San Pedro en algunas tiendas y comercios. Estos, como se saben, querían sorprender a algunos incautos con pergaminos que no pasaban por el Vaticano para ser refrendados, ni depositaban la limosna destinada a la caridad del Papa.

Hoy las obras caritativas son cada vez más visibles. Una ha sido la reciente inauguración de un baño público –con ducha y peluquería-, que Francisco mandó a construir junto a la Columnata de Bernini, para que pueda ser utilizada por los mendigos italianos –y extranjeros-, que no tenían ni un Dios te guarde.
Sobre estos desposeídos, se supo que semanas atrás uno de ellos murió de frío en la calle donde dormía, pero pudo ser enterrado en un peculiar cementerio de origen alemán que subsiste por siglos dentro de los muros vaticanos.

Finalizamos con una anécdota de Francisco. Se dice que al nombrar al actual Limosnero Pontificio, le dijo: “Usted debe procurar que las alacenas y las cuentas bancarias del Papa estén siempre vacías”…