Luis Campo Sánchez
Ortega y Gasset decía que "Vivir es, de cierto, tratar con el mundo, dirigirse a él, actuar en él, ocuparse de él". Vivir es entonces practicar la caridad, ocuparse del mundo, de nuestro prójimo, del hermano cercano que padece. La caridad es acción, el ejercicio del amor a Dios, es ver el rostro de Cristo en todos los hermanos que sufren. En palabras de San Pablo la mayor, más importante y superior de las virtudes teologales: “Si sólo en esta vida esperamos en Cristo, somos los más miserables de los hombres todos”. (I Corintios XV, 19).
Cáritas es caridad, pero una caridad no entendida en un sentido únicamente asistencial. Es asistencia porque hay necesidades urgentes, personas que sufren ahora y que no pueden esperar mañana. Tal es el caso de nuestros hermanos asolados por el terremoto en Pisco. Un viejo proverbio enseña que mejor que dar pescado es enseñar a pescar. Pero unas veces no queda otra alternativa que dar pescado y otras veces es preferible enseñar a pescar.
Cáritas es promoción enseñar las técnicas para maniobrar la caña o la cesta de pescar-. Es desarrollo –forjar pescadores, llenar la cesta de peces y
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producir cañas para que otros también pueda pescar-. Es planear y ejecutar programas y proyectos orientados a dar las herramientas para que nuestros hermanos puedan construir con sus manos y sus mentes una vida mejor. Pero ¿Cuáles son los rasgos institucionales que le proporcionan identidad e individualidad a Cáritas? ¿Cuál es su sello distintivo? En otras palabras ¿Cuál es su marca?
La marca de una organización, al igual que la de un producto, es una característica que la identifica en la relación con su público. Por casi cuatro décadas, Cáritas del Perú estuvo asociado a la distribución de alimentos y esa percepción se mantiene en el imaginario de algunas personas hasta la actualidad, a pesar que hace más de una década Cáritas viene realizando programas de promoción y desarrollo.

Sin embargo, una institución no puede tener una identidad cabal de sí misma si no se acierta con todo rigor en la determinación de su misión. Toda su estructura y funcionamiento deben responder al servicio que de ella se
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espera. Sólo de esta manera se podrá lograr que una institución exista cumpliendo los objetivos para la que fue creada, obrando con autenticidad.
En la actualidad el enunciado de la misión de Cáritas: “Animar a la luz del Evangelio y desde la Doctrina Social de la Iglesia el proceso de transformación de la sociedad peruana para construir hoy y aquí el Reino de Dios”, expresa la vocación y la determinación de trabajar incansablemente, con y para los pobres, en la reducción y el alivio sostenido de la pobreza y constituye una marca que se ajusta más nítidamente al quehacer institucional.
El cambio de marca no ha sido fácil y ha significado un esfuerzo considerable en acciones de difusión y persuasión de la nueva imagen institucional entre las personas involucradas en la intervención y la asunción de nuevas estrategias de trabajo coherentes con las necesidades actuales. En el camino Cáritas ha logrado mejorar sus sistemas de información y sus procesos internos de trabajo.
Por ello, cuando entramos en los primeros años de nuestra sexta década de existencia –52 años- tenemos la excelente oportunidad de evaluar la congruencia de las decisiones con la naturaleza de nuestra Misión para afrontar con éxito ese futuro que imaginamos incierto. Necesitamos crear conciencia sobre nuestras verdaderas capacidades y también sobre nuestras reales limitaciones.
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