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Solidaridad y esperanza para los damnificados del Sur Chico. |
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| Vivencias del Personal de Cáritas Tacna en la zona del desastre El 15 de Agosto del 2007, un fuerte sismo de grado 7.9. afecta el sur chico del País. Ica es el departamento más afectado, siendo el centro de la mirada nacional e internacional. En apenas minutos las provincias más afectadas Ica, Pisco y Chincha, sienten los minutos más largos de sus vidas, la desesperación invade a la población ante la inclemencia de la naturaleza tras seguidas réplicas. Transcurridas las horas, llegan las primeras donaciones, el Perú se pone de pie y se solidariza con sus hermanos del Sur, la Iglesia a través de Cáritas, convoca a la comunidad internacional, empresas, instituciones privadas y población en general a la colecta de productos básicos, se requiere: agua, alimentos, ropa, medicinas. Las parroquias son centros de acopio, se realizan campañas diversas, y los medios de comunicación contribuyen cumpliendo su rol informativo, apoyo importante para la sensibilización, a pesar de las duras escenas de muerte y desolación.
Tras la tragedia, el voluntariado es convocado para apoyar a las actividades de colecta y entrega de los recursos, sentíamos que podíamos hacer aún más. Nuestra presencia en la zona era principalmente de acompañamiento para la atención de la emergencia.
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Ese mismo día de llegada y tras la visita a sacerdotes de la zona, empezamos el trabajo. La organización de las parroquias fue clave para el reparto de las donaciones, las jurisdicciones parroquiales están zonificadas para su labor de evangelización, se convirtieron en los canales directos de ayuda a los damnificados, el reparto llegaría sin ningún tipo de discriminación por religión, raza u otro motivo de marginación o exclusión. Sin embargo los escasos recursos que inicialmente llegaron hicieron que esta ayuda se disiparan en la gran población aprox. de 180,000 hab, sólo en Chincha, considerando además que un 75% eran damnificados. Paralelamente se hacia el levantamiento de información para la Evaluación de daños, la principal preocupación en el momento era el tema de alimentación y albergue en la población damnificada, sin restar importancia al tema de salud, la atención sobre todo ambulatoria era importante y necesaria. Al paso de los días algunas instituciones públicas y privadas aseguraban también su presencia a través de programas de asistencia para el tema de alimentos, para ello se requería la conformación de ollas, que luego pasarían a ser comedores populares. En el distrito de Pueblo Nuevo, con una población que se estima en 80,000 hab., la mayoría migrantes de las zonas de Huancavelica y Ayacucho, se organizan en asentamientos humanos y UPIs (Unidad poblacional de interés social) los mismos que no cuentan con posesión legal del terreno, la informalidad en la ocupación territorial fue blanco de la desgracia, las viviendas en su mayoría de adobe (70%), quedaron destruidas o inhabitables. Es importante mencionar que una de las primeras respuestas a la emergencia,
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fue la Iglesia, liderada por los sacerdotes y religiosas, con el esfuerzo y la participación activa de los catequistas. Ante tal responsabilidad y con el compromiso con la población, se inician conversaciones para una mejor distribución de los recursos de manera justa y equitativa con otras instituciones.
Las personas que conocí durante mi permanencia en Chincha, algunos requieren de apoyo psicológico para superar la tragedia, otras como característica propia de la población chinchana, esperan con esperanza retomar su vida de antes, indicando a mal tiempo buena cara. Las pérdidas humanas es un hecho irreparable, sin embargo los que se quedan requieren de la solidaridad de nosotros para nuevamente empezar. No les neguemos esta oportunidad, apoyemos espiritual y materialmente a nuestros hermanos del Sur Chico. Por:
Ana Lira
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