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52 años promoviendo el Desarrollo Humano Integral. |
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Nuestro trabajo, no se limita exclusivamente a la ayuda humanitaria, con el correr de los años, la red de Cáritas en el Perú ha incursionado con mayor fuerza en el área de proyectos de desarrollo, como una respuesta eficaz para contribuir con el proceso de transformación requerido por nuestra sociedad, trabajando con las comunidades más alejadas del país en la creación de mejores condiciones de vida, donde los pobres y excluidos sean protagonistas de su propio desarrollo. La Visión y Misión de Cáritas se enfocan integralmente en el ser humano, destacando que la construcción de una nueva sociedad sólo será posible con hombres y mujeres nuevos, quienes conscientes de su dignidad y derechos asuman en forma solidaria su rol protagónico en el proceso de cambio, buscando el verdadero bien común y formando personas capaces de asumir su liderazgo y ponerse al servicio de sus comunidades. (1) Mt. 25, 35-36. . . |
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menos favorecidos. Hemos sembrado en el campo y en la ciudad, semillas de Paz y Justicia Social, Reconciliación y Esperanza, generando condiciones de vida más dignas y humanas, mediante diferentes programas y proyectos, implementados en casi todo el país. “Así se podrá realizar, en toda su plenitud, el verdadero desarrollo, que es el paso, para cada uno y para todos de condiciones de vida menos humanas, a condiciones más humanas”(3). Nuestro país mantiene estructuras inequitativas que impiden la distribución adecuada de la riqueza y permiten la existencia de comunidades que viven en situaciones de pobreza y exclusión muy grandes, carecen de oportunidades económicas y no pueden ejercer su ciudadanía. “Esta situación de extrema pobreza generalizada adquiere rostros muy concretos en los que deberíamos reconocer los rostros sufrientes de Cristo, el Señor, que nos cuestiona e interpela”(4) y exige de todos nosotros una respuesta radical que permita construir estructuras más justas y humanas basadas en la solidaridad universal. Esta lucha contra la pobreza es insuficiente si no va acompañada de una real transformación política y social, nuestro trabajo solidario con los más necesitados debe ir acompañado de acciones que posibiliten la construcción de estructuras más justas que aseguren una distribución adecuada de los recursos a fin de, no sólo satisfacer las necesidades básicas de nuestros hermanos excluidos, sino de garantizar su real inclusión en la sociedad y su desarrollo integral. Dentro de este proceso, la activa participación de la mujer y de los jóvenes, tanto a nivel individual como dentro de organizaciones de base, adquiere un rol relevante, dado que conforme se involucran en los procesos de construcción de la sociedad, van desarrollando nuevas capacidades y desempeñando roles protagónicos que los ayudan en el reforzamiento de su propia identidad y ejercicio de su ciudadanía. Los promotores y voluntarios de nuestros programas y proyectos están asumiendo gradualmente el liderazgo de sus comunidades. El desarrollo integral debe fundamentarse en el respeto de los derechos del hombre, brindándole mejores oportunidades para satisfacer sus requerimientos de educación, salud, vivienda y trabajo, así como también garantizando el ejercicio pleno de su ciudadanía y su participación activa en los procesos de construcción de las nuevas estructuras socio políticas del país. “El desarrollo no se reduce al simple crecimiento económico. Para ser auténtico debe ser integral, es decir promover a todos los hombres y a todo el hombre”(5). El mensaje de la Iglesia nos invita a ponernos al servicio de todos y enfocar nuestra acción en busca de condiciones de vida más dignas y humanas para todos los peruanos, hombres y mujeres sin distinción, valorando su desarrollo personal, su formación, capacitación y auto estima; abarcando su vida personal, familiar y comunitaria, así como el fortalecimiento de sus valores y su Fe. _______________(3) Carta Encíclica Populorum Progressio (sobre el desarrollo de los pueblos) No.20. Su Santidad Pablo VI – Vaticano, 25 de Marzo de 1967.
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Todo proceso de transformación social y de desarrollo debe estar enfocado en el hombre, dado que “no existe auténtica promoción humana, verdadera liberación, ni opción preferencial por los pobres, si no se parte de los fundamentos mismos de la dignidad de la persona y del ambiente en que tiene que desarrollarse, según el proyecto del Creador”(6). El proceso de desarrollo no puede enfrentarse solo en términos económicos, sino que debe responder a las necesidades trascendentales del hombre y que considere su problemática en forma global. El hombre es un ser llamado a hacer crecer y perfeccionar su condición de hijo de Dios, y esto solo podrá ser logrado en la medida que mantenga el equilibrio entre la dimensión material y espiritual de su persona, pues “para alcanzar el verdadero desarrollo es necesario no perder de vista dicho parámetro, que está en la naturaleza específica del hombre, creado por Dios a su imagen y semejanza”(7). Todo proceso de desarrollo adquiere plenitud cuando se orienta, prioriza y respeta a la persona humana, “porque todo programa concebido para aumentar la producción, al fin y al cabo no tiene otra razón de ser que el servicio de la persona. Si existe es para reducir desigualdades, combatir las discriminaciones, librar al hombre de la esclavitud, hacerle capaz de ser por sí mismo agente responsable de su mejora material, de su progreso moral y de su desarrollo espiritual"(8). En el discurso inaugural de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y de El Caribe, realizada en Aparecida, Su Santidad el Papa Benedicto XVI manifestó que << los pueblos latinoamericanos y caribeños tiene derecho a una vida plena, propias de los hijos de Dios, con unas condiciones más humanas: libres de la amenaza del hambre y de toda forma de violencia. Para estos pueblos sus pastores han de fomentar una cultura de la vida que permita, como decía mi predecesor Paulo VI, “pasar de la miseria a la posesión de lo necesario, a la adquisición de la cultura… a la cooperación en el bien común… hasta el reconocimiento por parte del hombre, de los valores supremos y de Dios, que de ellos es la fuente y el fin” (PP No. 21). En este contexto me es grato recordar la Encíclica Populorum Progressio, cuyo 40 aniversario recordamos este año. Este documento pontificio pone en evidencia que el desarrollo auténtico ha de ser integral, es decir, orientado a la promoción de todo el hombre y de todos los hombres (cf. n. 14), e invita a todos a suprimir las graves desigualdades sociales y las enormes diferencias en el acceso a los bienes. Estos pueblos, anhelan, sobre todo, la plenitud de vida que Cristo nos ha traído: “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn. 10, 10). Con esta vida divina se desarrolla también en plenitud la existencia humana, en su dimensión personal, familiar, social y cultural >>(9). _______________(6) Nueva Evangelización, promoción humana, cultura cristiana – IV Conferencia Episcopal del Episcopado Latinoamericano (No. 18) – SANTO DOMINGO, 1992.
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