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Para nuestros hermanos damnificados del Sur: Un mes después del terremoto.




Con el terremoto y el maretazo, hemos perdido todo. Cáritas del Perú es la única institución que nos ha abierto las puertas, que nos ha apoyado y que nos sigue apoyando. Estamos confiados en Caritas y le agradecemos muchísimo por la ayuda que nos brinda” (Elisabeth Sanchez Chamba, responsable del comedor Brisa del Mar – San Andres Apostol – Pisco).

Al día siguiente del terremoto de 7.9 grados en la escala de Richter ocurrido el 15 de agosto de 2007 en el sur de Lima, Caritas del Perú inició la Campaña de Solidaridad “Emergencia por los damnificados del terremoto en Pisco, Ica y Cañete”. Un mes después, más de 2,056 toneladas de suministros de ayuda han sido canalizadas y 53,017 familias han sido atendidas. Una vez más, Cáritas del Perú demuestra su experiencia en cuanto a la ayuda brindada a los más necesitados, y su compromiso para construir un mundo más solidario, justo y fraterno.

La etapa de emergencia: cubrir con las necesidades de los damnificados

Institución de la Iglesia Católica, Cáritas del Perú ha desarrollado su acción humanitaria en colaboración con las Cáritas Diocesanas, parroquias y congregaciones religiosas. Como lo explica Ángel Allcarima, coordinador de la Mision Terremoto en Cáritas, “la coordinación directa con los párrocos es fundamental  porque ellos conocen la realidad de la zona y a los que realmente necesitan ayuda. Las informaciones que nos proporcionan nos permiten atender a las personas más afectadas por el terremoto, incluso en las zonas periféricas y más lejanas que reciben poco apoyo”.
 
Gracias al apoyo operativo de Caritas del Perú y a la fuerte organización de las parroquias, se ha podio brindar una atención rápida a los damnificados inmediatamente después de ocurrido el terremoto y en todos las zonas afectadas.
En la diócesis de Ica, se han constituido equipos operativos en las ciudades de Pisco, Ica y Chicha para apoyar a las instituciones de la Iglesia. Como nos lo confia el padre Marco Martínez Ruiz, secretario general de Cáritas Ica: “El apoyo de Caritas del Perú es muy grande, muy bueno en el sentido de que no sabíamos como se maneja un almacén o como recoger informaciones mediante padrones”. En las diócesis de Cañete y Yauyos, y de Huancavelica, Cáritas del Perú está apoyando a los Cáritas Diocesanas en el desempeño de su labor.

En las primeras semanas, se logró cubrir adecuadamente con las necesidades básicas de las familias, es decir con agua, víveres, medicinas, ropa y abrigo. En la región de Ica, 1,7 toneladas de suministros han sido distribuidos.

La entrega de las donaciones se ha realizado  mediante  la  red de  parroquias

 

 

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para favorecer la distribución adecuada de la ayuda según las necesidades, y promover la organización de la comunidad. El padre Marco Martinez Ruiz nos explica: “Todas las donaciones llegan al almacén de Ica de donde se  están canalizando. Luego el párroco viene, se lleva lo que necesita y reparte a través de las ollas comunes. Es más fácil para saber cuantas personas necesitan frazadas o ropa”.

Como lo explica la hermana Aurelia Cerdan (Congregación Hijas de la caridad – Pisco) “la implementación de las ollas comunes ha sido muy oportuna. Estamos en un sector donde la gente estaba pobre antes del terremoto. Con el terremoto, han perdido todo: su casa, su trabajo, ya no tienen ingresos. ¿Entonces como harían para comer sin las ollas comunes y el apoyo de Cáritas? La señora Ana Vera, beneficiaria del comedor “Divino Jesús” en la parroquia de San Andrés Apóstol de Pisco precisa: “Aquí, vivimos de la pesca. El terremoto ha destruido o dañado nuestras embarcaciones. No tenemos para comprar. Con las ollas comunes y ahora el comedor, estamos tranquilos porque sabemos que mañana tendremos un plato de comida, que nuestros hijos podrán comer”.

Además, Cáritas del Perú está participando en la iniciativa “Pan de Luz” que se ha implementado en conjunto con la familia San Román, el panificador Jorge Berdi Lorenzo e instituciones como ALICORP para cubrir con las necesidades alimentarías básicas de las familias damnificadas. Los 31 000 panes producidos y entregados diariamente “representan más que pancitos, son una bendición de Dios que nos permite seguir adelante” (Ana Vera - comedor Divino Jesús en la parroquia San Andrés Apóstol de Pisco)

Volver a la normalidad

Frente a la dimensión del desastre se está implementando un trabajo de post-emergencia. La propuesta de Cáritas del Perú es multidimensional, o sea pretende brindar un apoyo lo mas completo posible. Se han formulado líneas de acción en alimentación y nutrición; albergues; agua y saneamiento, salud; capacitación, educación y acompañamiento espiritual; así como fortalecimiento organizacional.

Se ha comenzado con la distribución de los 1,000 kits de implementos de cocina para que se constituyan los comedores y se continúa con la distribución de víveres. En la diócesis de Ica, varios ya están funcionando y atienden diariamente 40 familias. “Estamos contentos de gozar de este comedor, es más que una necesidad para nosotros. En el futuro, queremos que siga funcionando sin el apoyo de Cáritas, ir priorizando para brindar el apoyo alimentario a los más necesitados y desarrollar más servicios. Tenemos que organizarnos, cuidarnos y caminar solos para que nuestra vida vuelva a la normalidad” nos confió la señora  Rina Rojas Sana, responsable del comedor de Santa Luisa (Parroquia San Andrés Apóstol – Pisco).

Ángel Allcarima añade: “Cáritas no es una institución asistencialista sino que piensa en el futuro.  No podemos  acostumbrar a

 

 

la gente a pedir. No podemos permitir que la gente vea la ayuda humanitaria como un derecho y no como un acto de caridad.  La emergencia, ya pasó. No queremos solamente ayudar a los damnificados entregándoles víveres sino enseñarles para que ellos puedan producir  y promoverse.

Además, es importante destacar que Cáritas del Perú está viendo el tema de los albergues temporales y el apoyo que se podría brindar a los centros educativos parcial o totalmente destruidos en la fase de reconstrucción que se está iniciando.

Solidaridad y fraternidad

La labor realizada por Cáritas del Perú desde hace un mes, ha sido posible gracias a la solidaridad tanto a nivel local como nacional e internacional. Empresas privadas, miembros de Caritas Internationalis, Agencias de Cooperación o simples ciudadanos, todos manifestaron la voluntad de solidarizarse con los damnificados del terremoto para brindarles el mejor apoyo posible. Cual sea la importancia de la participación, la ayuda brindada a los damnificados del sur es el resultado de un esfuerzo conjunto y de un profundo sentimiento de fraternidad.

Los 600 voluntarios, que se acercaron de manera espontánea a los almacenes de Cáritas simbolizan la amplitud de esta cruzada de solidaridad. Como nos lo cuenta Sandy Villaverde Rangel, voluntaria en el almacén de Pisco, “me siento muy feliz al poder ayudar a quienes lo han perdido todo… Siento que ha sido una señal de Dios, que él tiene una misión para mí, que es la de seguir ayudando, trabajando de la mano con la Iglesia y Cáritas”.
 
Además la solidaridad se expresa dentro de las comunidades damnificadas. Paradójicamente, el sismo ha permitido un acercamiento, una toma de conciencia de la importancia de vivir juntos en armonía. “Hay mucho más solidaridad. Antes del terremoto, no nos saludábamos cuando nos encontrábamos en la calle, no conversábamos, éramos con extranjeros. Hoy dia, somos como hermanos: nos reunimos, compartimos, trabajamos y nos apoyamos mutuamente para seguir adelante. Y la Biblia es el libro que guía a nuestra vida”. (Luz Soto Arteaga – comedor Divino Jesús en la Parroquia San Andrés Apóstol de Pisco)

El padre Marco Martínez Ruiz nos explica: “A parte del apoyo humanitario, la Iglesia proporciona una atención, una orientación espiritual. No se ha descuidado este aspecto. Al contrario, estamos viviendo un momento de re-evangelización, el terremoto nos ha permitido llegar a más gente”.

Seguir ayudando a nuestros hermanos damnificados del Sur: una necesidad

Al ver la sonrisa de los niños comiendo sus pancitos, me siento feliz y me da fuerza para continuar nuestra tarea, seguir ayudando hasta que no lo necesiten”. Tales son las palabras de la hermana Carmen Villa-Virencia Lenes, que ha dejado sus tareas durante una semana para venir apoyar a la Capilla Virgen del Carmen en Pisco.

Si la labor es inmensa, vale la pena seguir trabajando para nuestros hermanos del Sur. La solidaridad de todos queda indispensable para que Cáritas del Perú y las instituciones de la Iglesia puedan brindar el apoyo adecuado de tal manera que se promueva la persona humana en todos los sentidos.

Por: Marina Sicre
Cáritas del Perú - Voluntaria