Boletín de la Red Cáritas

editorial

Mensaje del Presidente de Cáritas del Perú


Estimados Hermanos en Cristo:

Ha concluido la Cuaresma y se abre para el mundo cristiano con toda la fuerza del Espíritu Santo el esplendor de la Pascua que llena de una nueva vida a toda la humanidad. El mundo cristiano celebra la vida que vence a la muerte, el Amor que ama sin medida, Jesucristo que con su muerte y resurrección nos libera y nos salva definitivamente. Debo confesarles que me causa mucha alegría poder dirigirme a ustedes para reflexionar juntos sobre la enorme y hermosa responsabilidad de ser parte de una institución de la Iglesia católica que está llamada a ser signo visible de la Caridad de Cristo, Iglesia Comunión y Servidora, para todos los hombres y mujeres de nuestro querido país.

Una de las mayores exigencias de la Pascua cristiana para el trabajo de la red de Cáritas del Perú, constituye el ir fortaleciendo una conciencia más viva de la dignidad de todo ser humano, sobre todo en los lugares y realidades sociales donde se atenta abiertamente contra el hombre. Debemos señalar con mucha fuerza que la pobreza constituye un mal intolerable que debemos eliminar de raíz. No podemos construir una Patria digna para todos mientras existan hermanos nuestros que sobreviven en la indigencia y el olvido.

Al comprometernos a mejorar las condiciones de vida de las poblaciones mas empobrecidas lo hacemos desde un profundo amor y pasión por el ser humano. Esta pasión por lo humano, es a la vez Don y Tarea, orientación y profunda sensibilidad del ser y quehacer de Cáritas; porque nada de lo que acontece al Hombre nos es ajeno, remamos mar adentro en la historia y la vida de nuestro pueblo para anunciarle y presentarle el rostro de una Iglesia samaritana, que busca ponerse a sus pies y servirlo con amor y respeto.

Ciertamente que la solidaridad y la caridad son expresiones de nuestra naturaleza, de nuestro ser cristiano, como nos señala S.S.Benedicto XVI: "Para la Iglesia, la caridad no es una especie de actividad de asistencia social que también se podría dejar a otros, sino que pertenece a su naturaleza y es manifestación irrenunciable de su propia esencia". (Dios es Amor n.25). Por ello la promoción de un mayor protagonismo de los pobres y de sus organizaciones en busca de su desarrollo, generando una nueva ética, cuya centralidad sea la vida digna y plena de sus miembros, manifiestan nuestra profunda confianza en el hombre. Esta confianza en el presente y el futuro de la historia humana debe de ser fortalecida y constituirse en el eje fundamental de la convivencia social. Ante un mundo que se mira así mismo, ensimismado en el consumismo, hedonismo e individualismo, urgen esfuerzos por mostrar la primacía y centralidad del hombre, cuya dignidad procede de ser hijo de Dios.

Cuanta importancia tiene en este contexto la presencia de todos los ciudadanos, y particularmente de los laicos en la construcción de una Cultura de Vida que haga posible “nuevos cielos y nueva tierra”. Los cristianos deben tener conciencia de la vocación particular y propia que tienen en la comunidad política; en virtud de esta vocación están obligados a dar ejemplo de responsabilidad y de servicio al bien común, demostrando con los hechos cómo pueden armonizarse la autoridad y la libertad, la iniciativa personal y la necesaria solidaridad del cuerpo social, las ventajas de la unidad combinada con la provechosa diversidad. Así nos lo recuerda S.S. Bendicto XVI; “ El deber inmediato de actuar en favor de un orden justo en la sociedad es mas bien propio de los fieles laicos. Como ciudadanos del Estado, están llamados a participar en primera persona en la vida pública. Por tanto, no pueden eximirse de la «multiforme y variada acción económica, social, legislativa, administrativa y cultural, destinada a promover orgánica e institucionalmente el bien común».( Dios es Amor n. 29 )

Los programas y proyectos que Cáritas desarrolla a nivel nacional, tienen su fundamento en el Anuncio de la Buena Nueva que es el mismo Cristo. Así mismo tenemos conciencia de que "cuantos trabajan en las instituciones caritativas de la Iglesia deben distinguirse por no limitarse a realizar con destreza lo mas conveniente en cada momento, sino por su dedicación al otro con una atención que sale del corazón, para que el otro experimente su riqueza de humanidad... necesitan también sobre todo una formación del corazón” (Dios es Amor n.31). En esta pedagogía de la Caridad, renovados desde una nueva imaginación de la Caridad, buscamos que “los pobres se sientan en la Iglesia como en su propia casa” y que sean ellos mismos protagonistas de su propio desarrollo humano integral y tengan vida plena en Jesús. En todo este proceso la presencia de las comunidades cristianas es fundamental, así como el compromiso y testimonio de los laicos en los esfuerzos por construir un orden social mas justo y humano.

En consecuencia el trabajo por la justicia, la solidaridad, la reconciliación y la paz, son los frutos de una Iglesia que reconoce y proclama la soberanía de Dios en una cultura que se opone abiertamente a sus designios y a su voluntad. Desde lo que somos, buscamos encontrarnos y trabajar con la sociedad, el Estado, la cooperación nacional e internacional, porque nuestra causa y nuestro camino es el hombre.

Quiero concluir esta reflexión con el mensaje de S.S. Benedicto XVI, quien nos dice que “La justicia es el objeto y, por tanto, también la medida intrínseca de toda política...La política es mas que una simple técnica para determinar los ordenamientos públicos: su origen y su meta están precisamente en la justicia, y ésta es de naturaleza ética. Así, pues, el Estado se encuentra inevitablemente de hecho ante la cuestión de cómo realizar la justicia aquí y ahora. Pero esta pregunta presupone otra más radical: ¿qué es la justicia?. Éste es un problema que concierne a la razón práctica; pero para llevar a cabo rectamente su función, la razón ha de purificarse constantemente, porque su ceguera ética, que deriva de la preponderancia del interés y del poder que la deslumbran, es un peligro que nunca se puede descartar totalmente” (Dios es Amor n.28)

Desde nuestro trabajo cotidiano por la promoción integral del hombre y de sus comunidades, compartir experiencias de construcción de un país fortalecido desde la solidaridad y el respeto por el otro. Compartir esta Buena Nueva de la cual somos testigos privilegiados, nos exige a su vez, convocar a personas e instituciones, tanto de la sociedad civil y el Estado, de la cooperación nacional e internacional, del mundo empresarial y académico, a renovar sus esperanzas y esfuerzos por afirmar una cultura de Vida y de Paz, donde todos podamos reconocernos como hermanos y vivir con dignidad.

Mons. Miguel Irizar Campos, CP
Presidente de Cáritas del Perú