
La Iniciativa representa un esfuerzo colectivo de instituciones que
trabajan para el desarrollo, implementando programas de seguridad
alimentaria que cuentan con una trayectoria importante en nuestro
país: ADRA Perú con 41 años, CARE Perú
con 36 años, CÁRITAS del Perú con 51 años
y PRISMA con 20 años. Actualmente la Iniciativa se ha fortalecido
con la incorporación de instituciones de reconocido prestigio
como la Mesa de Concertación para la Lucha contra la Pobreza
(MCLCP), la Organización Panamericana de la Salud / Organización
Mundial de la Salud (OPS/OMS) con 48 años en el país,
el Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas (PMA) con
40 años, UNICEF con 56 años y USAID con 52 años.La desnutrición es el resultado de múltiples factores: enfermedades infecciosas frecuentes, prácticas inadecuadas de alimentación e higiene, ambiente insalubre, consumo insuficiente de alimentos nutritivos, entre otras. Todas ellas asociadas generalmente a la pobreza de la familia, su bajo nivel educativo, a la escasa inversión social, a la falta de priorización en los grupos más vulnerables y, al uso ineficiente de los recursos del Estado. La desnutrición crónica no es sólo un problema de salud, es un indicador de desarrollo del país.
Los primeros años de vida, determinan el desarrollo futuro del niño.
Desde la gestación y en los tres primeros años de vida, la desnutrición crónica y la anemia afectan de manera irreversible la capacidad física, intelectual, emocional y social de los niños, y generan un mayor riesgo de enfermar por infecciones (diarreica y respiratoria) y de muerte. Este deterioro reduce su capacidad de aprendizaje en la etapa escolar y limita sus posibilidades de acceder a otros niveles de educación. En el largo plazo, se convierte en un adulto con limitadas capacidades físicas e intelectuales para insertarse en la vida laboral. Un niño desnutrido hoy, tiene altas probabilidades de ser un adulto pobre mañana.
Está fuertemente ligado a la pobreza.
En el Perú, la pobreza sigue afectando alrededor del 50% de la población y la desnutrición crónica sigue el mismo patrón geográfico. Entre los pobres extremos, el 35% de los niños está desnutrido frente a un 13% entre los no pobres. La desnutrición por si misma limita el desarrollo económico del país al reducir la productividad del capital humano. Ser pobre y estar desnutrido es una doble condición que acentúa la exclusión y la inequidad. La nutrición del niño se presenta así como un insumo esencial para el desarrollo social y económico para el país. La inversión en proteger a nuestros niños de la desnutrición, es sumamente rentable para asegurar la competitividad.
Comprometerse hoy, a una inversión sostenida.
El Estado, la comunidad internacional y la sociedad civil vienen desarrollando esfuerzos nacionales y regionales en este sentido, sin embargo la desnutrición es multicausal y requiere una respuesta articulada y multisectorial, que aborde el problema no sólo desde la distribución de alimentos a través de programas de asistencia alimentaria. La Iniciativa propone implementar estrategias integrales que enfrenten todas las causas de la desnutrición, por un lado la atención de la salud, el acceso al agua segura y saneamiento básico, y a la educación. Por otro lado, mejorar la calidad de la inversión social.
A nivel del gobierno nacional:
A nivel del gobierno regional y municipal:
Sí se puede reducir la desnutrición infantil.
Las acciones desarrolladas en los programas de seguridad alimentaria, muestran una reducción de la desnutrición infantil en 9,6 puntos porcentuales, un incremento de 85% en los ingresos familiares anuales y una disminución de más de 50% en la prevalencia de diarrea en las zonas de intervención. La reducción de la desnutrición crónica de un punto porcentual por año, es una meta objetiva y posible de lograr para los próximos cinco años, y es coincidente con la meta planteada por la Estrategia nacional de seguridad alimentaria – ENSA 2004-2015.